darkneside
Poeta recién llegado
Te encontré en el filo del silencio,
donde el tiempo se detiene y respira,
eras el vértice de un sueño antiguo,
la raíz de un eco que nunca expira.
Tu nombre, un susurro entre mis labios,
tu rostro, el paisaje que no sabía,
y en tu voz hallé la melodía
que le faltaba al canto de mis años.
Te agradezco, amor, por el milagro,
por ser la luz que mi sombra reclama,
por encender las brasas en mi alma
y dar sentido a un corazón cansado.
Eras el agua en la sed de mi pecho,
el fuego en la cueva de mis inviernos,
el sol que despierta mis días eternos,
el puente que une lo roto y deshecho.
Y en ti, amor, aprendí lo sagrado:
que el deseo no es llama, sino vuelo,
que amar es rozar con dedos de cielo
la raíz profunda de lo encontrado.
¿Qué conjuro, qué pacto de los astros
te trajo a mi orilla desolada?
¿Qué designio tejió en su madrugada
los hilos que hoy enredan nuestros pasos?
No quiero saber, no importa el porqué.
El amor no exige razones ni juicios,
es un grito puro, un solo principio:
ser todo en ti, y que tú seas en mí.
Te agradezco, amor, por el abismo
que en tus ojos se abre y no me asusta,
por la vida que en tu risa se ajusta
al poema que nunca tuvo ritmo.
Eres mi centro, mi norte y mi calma,
la llama que ilumina y no consume,
la verdad que a la duda se presume,
el reflejo eterno del alma en el alma.
donde el tiempo se detiene y respira,
eras el vértice de un sueño antiguo,
la raíz de un eco que nunca expira.
Tu nombre, un susurro entre mis labios,
tu rostro, el paisaje que no sabía,
y en tu voz hallé la melodía
que le faltaba al canto de mis años.
Te agradezco, amor, por el milagro,
por ser la luz que mi sombra reclama,
por encender las brasas en mi alma
y dar sentido a un corazón cansado.
Eras el agua en la sed de mi pecho,
el fuego en la cueva de mis inviernos,
el sol que despierta mis días eternos,
el puente que une lo roto y deshecho.
Y en ti, amor, aprendí lo sagrado:
que el deseo no es llama, sino vuelo,
que amar es rozar con dedos de cielo
la raíz profunda de lo encontrado.
¿Qué conjuro, qué pacto de los astros
te trajo a mi orilla desolada?
¿Qué designio tejió en su madrugada
los hilos que hoy enredan nuestros pasos?
No quiero saber, no importa el porqué.
El amor no exige razones ni juicios,
es un grito puro, un solo principio:
ser todo en ti, y que tú seas en mí.
Te agradezco, amor, por el abismo
que en tus ojos se abre y no me asusta,
por la vida que en tu risa se ajusta
al poema que nunca tuvo ritmo.
Eres mi centro, mi norte y mi calma,
la llama que ilumina y no consume,
la verdad que a la duda se presume,
el reflejo eterno del alma en el alma.