Eratalia
Con rimas y a lo loco
Cuando ella le recitó, como hacía casi todos los sábados por la mañana, la cantidad de tareas que era necesario hacer en la casa (repintar la barandilla, organizar el garaje, arreglar el grifo del lavabo y cambiar la bombilla del trastero que llevaba dos meses fundida), él, sin titubear, asintió y se dirigió al altillo a buscar lo necesario.
Ante la estupefacción de la mujer, que llevaba semanas repitiendo las mismas órdenes sin conseguir ningún resultado, el marido cogió las herramientas mientras le comentaba en tono distendido:
—Anoche me desvelé y me levanté a ver la tele. Hacían un programa de ilusionismo y salió un hipnotizador que decía que era capaz de controlar las mentes a distancia, obligándote, por ejemplo a obedecer todo tipo de órdenes que recibieses… Era tan ridículo que me volví a la cama antes de que pronunciara la palabra que, según él, te sacaba del trance.
¡Y habrá gente que crea en eso!
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