walter manuel
Poeta recién llegado
I
Hoy en Colombia
se esparce la sombra de un árbol
que sembré siendo niño...
fue en aquel primer viaje que hice
al corazón de las tierras áureas,
la vez primera
en que segué rosas
de las mejillas de su gente.
Recuerdo muy bien
los caminos serpenteados
y el bullicio de un arroyo
que se escondía en la montaña.
Empalagado de esa niebla dulce,
enterré mis uñas en su tierra viva,
horadé sus frías entrañas
con mis manos menudas,
incrusté mi raíz en la piel de un samán
y puse en su tallo
pies de piedras blancas
como marca indeleble
y un brindis a lo eterno.
II
En otros lados de la serranía,
en una callejuela palpitante de sudores
una niña juega descalza...
tiene una sonrisa como de mil noches
y corre con la gracia
de un caballo de paso bravío;
a su brinco se somete el polvo
como la arena al toro
en la Monumental de Cañaveralejo
¡niña con ojos de fiesta brava!
Yo besaba en suelo
en las cimas de Pamplona;
ella reía, ella corría
en las aceras de Cali...
Yo rozaba la hierba
en las colinas de Pamplona
y ella brincaba, ella saltaba
en las aceras de Cali.
¡Niña caleña que aún no conozco!
Yo enterraba mis dedos
en las venas de Pamplona
y ella brincaba, ella saltaba
en las aceras de Cali...
Pero dejó caer su pelota también
y ésta rodó por las calles
de la ciudad furiosa,
y fue una pelota que nunca más volvió a ver.
Con dolor de tierra perdida
gritó su vientre en aquella hora,
arrodillada la encontró la tarde,
y dicen que con sus lágrimas
se crecieron los ríos en el Valle del Cauca.
III
Los años han pasado
como gotas de una rama,
ya mi infancia descansa en un frasco
etiquetada y polvorienta.
Pero hoy, me vuelvo atado
con cadenas de júbilo
a unos cabellos rizados
en un astro lleno de risa,
a unos muslos donde se vierten
leche y espuma en un abrazo.
Nueva Granada despertó agradecida
y me obsequió una mañana
de sus naturales magias:
mujer parida en las cuencas del oro,
mujer caleña,
libre paloma torcaz
sin mensajes,
ojos lívidos que me congelan,
espasmos iridiscentes son las vueltas de su cadera;
maraña indescifrable,
inescapable,
impostergable deseo;
mujer caleña,
viuda de los colibríes
ensamble de poeta
pieza última,
piel de durazno y agua fresca,
tienes un mundo fabuloso
entre tus labios.
Mujer caleña
de rostro que nunca vi,
despierta y extrae la espina
en la planta del león
que los pies se me mueren y no puedo correr.
Si me supieras escondido
en tus laberintos de cuerpo,
colgándome en las ramas
de la selva azabache que desciende
por hombros,
por tu espalda,
carne caliente, sudor perfumado...
Si me vieras arrodillado
en la úlima esquina de tu pecho,
la más lejana y oscura, tal vez,
trémulo y desnudo
con el ala herida...
IV
Nueva Granada amaneció silenciosa,
pálida y quieta...
el lamento de los guaduales
penetran adornando los cañaverales
ahora sombríos, ahora lejanos.
El eco de tu recuerdo
recubre el baile de los cafetales
y se vierten los odres
se revientan las canecas;
el aguardiente derramado
peina los surcos de las haciendas,
las calles de tu pueblo,
las venas de tu tierra.
Te descubrí
con dolor de tierra perforada,
advertí la cicatriz en tu vientre desnudo;
temblaron las colinas de Pamplona
rugieron las calles empedradas de Cali.
Nueva Granada preparó el embrujo,
y está triste.
Con manos de infancia
le planté un samán,
y ella le ofrendó agradecida
a mis jardines de hombre
la rosa más flor del Valle del Cauca.
Pero mujer caleña,
terca y ciega,
quisiste arrancar tus pétalos
y dejarlos al viento porque sí.
Esta noche se abrió en suelo
tras la niebla de Pamplona
empapada en llanto;
se partieron los brazos
del antiguo samán
calcinado en llanto;
se impregnaron las calzadas de Cali
de mareas incesantes
inundadas de llanto;
se desbordaron los ríos del Cauca
de rabia abatida
desbocados en llanto...
y yo esta noche,
mujer caleña,
te sigo esperando...y me dueles
buscándote
entre la luna mortecina,
llorando... solo llorando...
Hoy en Colombia
se esparce la sombra de un árbol
que sembré siendo niño...
fue en aquel primer viaje que hice
al corazón de las tierras áureas,
la vez primera
en que segué rosas
de las mejillas de su gente.
Recuerdo muy bien
los caminos serpenteados
y el bullicio de un arroyo
que se escondía en la montaña.
Empalagado de esa niebla dulce,
enterré mis uñas en su tierra viva,
horadé sus frías entrañas
con mis manos menudas,
incrusté mi raíz en la piel de un samán
y puse en su tallo
pies de piedras blancas
como marca indeleble
y un brindis a lo eterno.
II
En otros lados de la serranía,
en una callejuela palpitante de sudores
una niña juega descalza...
tiene una sonrisa como de mil noches
y corre con la gracia
de un caballo de paso bravío;
a su brinco se somete el polvo
como la arena al toro
en la Monumental de Cañaveralejo
¡niña con ojos de fiesta brava!
Yo besaba en suelo
en las cimas de Pamplona;
ella reía, ella corría
en las aceras de Cali...
Yo rozaba la hierba
en las colinas de Pamplona
y ella brincaba, ella saltaba
en las aceras de Cali.
¡Niña caleña que aún no conozco!
Yo enterraba mis dedos
en las venas de Pamplona
y ella brincaba, ella saltaba
en las aceras de Cali...
Pero dejó caer su pelota también
y ésta rodó por las calles
de la ciudad furiosa,
y fue una pelota que nunca más volvió a ver.
Con dolor de tierra perdida
gritó su vientre en aquella hora,
arrodillada la encontró la tarde,
y dicen que con sus lágrimas
se crecieron los ríos en el Valle del Cauca.
III
Los años han pasado
como gotas de una rama,
ya mi infancia descansa en un frasco
etiquetada y polvorienta.
Pero hoy, me vuelvo atado
con cadenas de júbilo
a unos cabellos rizados
en un astro lleno de risa,
a unos muslos donde se vierten
leche y espuma en un abrazo.
Nueva Granada despertó agradecida
y me obsequió una mañana
de sus naturales magias:
mujer parida en las cuencas del oro,
mujer caleña,
libre paloma torcaz
sin mensajes,
ojos lívidos que me congelan,
espasmos iridiscentes son las vueltas de su cadera;
maraña indescifrable,
inescapable,
impostergable deseo;
mujer caleña,
viuda de los colibríes
ensamble de poeta
pieza última,
piel de durazno y agua fresca,
tienes un mundo fabuloso
entre tus labios.
Mujer caleña
de rostro que nunca vi,
despierta y extrae la espina
en la planta del león
que los pies se me mueren y no puedo correr.
Si me supieras escondido
en tus laberintos de cuerpo,
colgándome en las ramas
de la selva azabache que desciende
por hombros,
por tu espalda,
carne caliente, sudor perfumado...
Si me vieras arrodillado
en la úlima esquina de tu pecho,
la más lejana y oscura, tal vez,
trémulo y desnudo
con el ala herida...
IV
Nueva Granada amaneció silenciosa,
pálida y quieta...
el lamento de los guaduales
penetran adornando los cañaverales
ahora sombríos, ahora lejanos.
El eco de tu recuerdo
recubre el baile de los cafetales
y se vierten los odres
se revientan las canecas;
el aguardiente derramado
peina los surcos de las haciendas,
las calles de tu pueblo,
las venas de tu tierra.
Te descubrí
con dolor de tierra perforada,
advertí la cicatriz en tu vientre desnudo;
temblaron las colinas de Pamplona
rugieron las calles empedradas de Cali.
Nueva Granada preparó el embrujo,
y está triste.
Con manos de infancia
le planté un samán,
y ella le ofrendó agradecida
a mis jardines de hombre
la rosa más flor del Valle del Cauca.
Pero mujer caleña,
terca y ciega,
quisiste arrancar tus pétalos
y dejarlos al viento porque sí.
Esta noche se abrió en suelo
tras la niebla de Pamplona
empapada en llanto;
se partieron los brazos
del antiguo samán
calcinado en llanto;
se impregnaron las calzadas de Cali
de mareas incesantes
inundadas de llanto;
se desbordaron los ríos del Cauca
de rabia abatida
desbocados en llanto...
y yo esta noche,
mujer caleña,
te sigo esperando...y me dueles
buscándote
entre la luna mortecina,
llorando... solo llorando...
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