Mary C. López
Una mujer de líneas y procesos.
Carecía de espinas la rosa bañada en roció,
sus pétalos absorbían gozosos los rayos del sol,
se abría con plena confianza y sin haber motivo
ella solo quería regalar su aroma y su color.
Entre las formas mil del universo resaltaba ella
toda belleza le adornaba despertando embeleso,
al suave movimiento del viento travieso
parecía danzar enloquecida de contento.
Al caer las tardes tranquilas y quietas
su perfume se hacia más profundo, más intenso
era encontrar en este un reclamo, un deseo
de ser tomada en cuenta, de alcanzar el cielo;
entonces sus pétalos se recogían abatidos
lánguidos como en triste y huérfano lamento.
Largos sus días largos sus días de esperas
de plenitudes inconclusas, de noches lúgubres,
pero dijo adiós al tocar fin su existencia hermosa
ahora solo queda en alguna línea de las poesías viejas,
quizás siga viviendo en la esencia añeja de algún verso.
Mary C. López