Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Historia universal en los Vuelos de Cinc
¿Te extraña?
Qué somos, sino monos venidos a más...
Tan sólo el tiempo ha hecho que lleguemos
a diferenciarnos conscientemente
como una especie diferente.
Se escuchaban los gritos
Eran los sacrificios.
Eran sólo los vicios,
de un adulto puchero
que imitó pucheritos.
Un perro liebre de ojos ciegos
que son conejos canes para el murciélago,
te mira azul.
Tu mañana le ofrece
ilusiones de cielos
con que miras tú.
Y esa presa se salva,
y esa presa murió,
con dolores de espalda
cuya causa no vio.
Es el perro celeste,
es el can hablador;
es el lobo que agreste
se volvió aullador.
En la noche lobuna,
y tentando el intento palpar,
recordé aquél cuento,
aunque a nadie lo puedo enseñar,
Selene le habla,
y le dice qué lunas
son oscuras tinieblas
que recorre la hambruna.
En los claros del bosque
sacrificios mordientes,
donde corren las sangres
y gotean sus dientes.
Ese numen se oculta
y da por bueno el banquete,
donde sirven la vida
y se comen la muerte.
Satisfechos se duermen
extrañados de paz;
ignorando colmillos
de natura voraz.
Es mañana de frentes
en batallas por sufrir;
unos van hacia el cadalso,
otros tienen las entrañas
prestas de ojo que despierten
animales de un remanso
preparándose a vivir.
Como paloma de blanco imperio
eres reina, y dueña de mi ilusión,
la finura ansiada que más espero;
la esperanza de un deseo, y colofón,
del porqué aún estoy viviendo
la locura de morirme por tu amor.
Me tienes desesperado, y con razón,
pues tu cuerpo que me ha atrapado
es esquivo de cordura, pero amado,
por un loco que se ahoga en tu vapor.
Vapores que vais por los aires,
venid pronto en mi ayuda;
traed los altares, traed la fortuna,
de una mujer que en desaires,
sólo deja éste mi empeño, y amargura.
Si aroman buenos son bailes,
si alientan fresas, las tuyas,;
que no me dejen en brailes,
pues ciego no amo a ninguna;
que yo consciente no amaine
y caiga en tu hada hermosura.
Los hombre sois todos iguales,
vais a lo que vais,
y queréis lo que queréis.
Nosotras, las mujeres,
somos diferentes.
Dejamos que vengáis,
y damos el querer,
sin ver al semental
que es ser del semenquién.
Con ver al ser cabal
y oler a más de cien.
Pero siempre hay
¡Ay!, que siempre es,
ser, lo que será,
después, ya lo tendréis.
El cojito no tiene arreglo,
que por flojo a un paso quedó,
de llegar tan solo solito
que por cojo nunca llegó.
Si yo cojo y tú estás cojita,
cojeamos cojos los dos
¡Qué cojones!, dame la manita,
que en mi mano, chiquita,
tu cojera acabó.
Y sin un cojo sin pareja se queda
una mano marcho por manquita;
y otra mano tan sola se atienda
por no tener la cojita,
que recuerdo que coja a cojito cogió,
y cojera fue sólo la enmienda,
de una mano que sola va a tientas
intentando llenar el renglón.
¡Padre!, perfóralos,
que no saben lo que piden.
¿Y tú?, ¡quién eres?
¿Yo? ¡Yo soy el verbo!
¿Qué verbo?
El verbo ser.
¿Cómo?, ¿cómo va a ser posible?
Sí Soy la oportunidad.
¿Y yo?
Tú eres la inoportuna nada.
De la nada todo nació
y en la nada todo se acaba;
oportuno fuiste en tu rol
y el reloj tu hora horadaba.
Desde siempre dices tú ser,
ni te importa el alfa y la omega;
yo te digo que no pude ver
ni la alfalfa, ni el burro de pega.
El humano de humano nación
es humano sin chuflas ni pruebas;
que lo humano sólo aprendió,
y experiencia en la historia nos lega;
que si dicen que el uno creó,
fueron otros seguidos razón y materia.
Así es la vida aquí en la tierra
Amores, tristezas, dolores y quejas,
placeres y aromas de humos y hierbas;
risas y llantos, quimeras y vicios,
virtudes, tarantos, altares y oficios;
verdades, mentiras, el bien con su mal,
ángeles y demonios soñados y hablantes;
así son los vientos palpitantes
de la historia universal.
Constrúyeme un castillo
donde el sexo sea el ladrillo,
y el cemento sea el amor,
para que hecho el buen mortero
llegué al fin un caballero
hacia el castillo encantador.
Si al llegar hay una guerra,
que se vista de guerrero
y proclame en su tambor,
que el amor con más polvera,
es el sexo de la tierra
en su volcánico temblor.
Quizá el mono, dándole a la tecla infinitamente,
evolucione y consiga ser afortunado
de llegar a comprenderse,
ya que sólo debe limitarse
a una continua repetición de sí mismo.
Y en el campo paisaje
de los verdes orín,
sola un ave viaje
con sus vuelos de cinc.
Le dejo esta nota con el ánimo,
y el deseo, que se ponga en mi lugar
¿Te extraña?
Qué somos, sino monos venidos a más...
Tan sólo el tiempo ha hecho que lleguemos
a diferenciarnos conscientemente
como una especie diferente.
Se escuchaban los gritos
Eran los sacrificios.
Eran sólo los vicios,
de un adulto puchero
que imitó pucheritos.
Un perro liebre de ojos ciegos
que son conejos canes para el murciélago,
te mira azul.
Tu mañana le ofrece
ilusiones de cielos
con que miras tú.
Y esa presa se salva,
y esa presa murió,
con dolores de espalda
cuya causa no vio.
Es el perro celeste,
es el can hablador;
es el lobo que agreste
se volvió aullador.
En la noche lobuna,
y tentando el intento palpar,
recordé aquél cuento,
aunque a nadie lo puedo enseñar,
Selene le habla,
y le dice qué lunas
son oscuras tinieblas
que recorre la hambruna.
En los claros del bosque
sacrificios mordientes,
donde corren las sangres
y gotean sus dientes.
Ese numen se oculta
y da por bueno el banquete,
donde sirven la vida
y se comen la muerte.
Satisfechos se duermen
extrañados de paz;
ignorando colmillos
de natura voraz.
Es mañana de frentes
en batallas por sufrir;
unos van hacia el cadalso,
otros tienen las entrañas
prestas de ojo que despierten
animales de un remanso
preparándose a vivir.
Como paloma de blanco imperio
eres reina, y dueña de mi ilusión,
la finura ansiada que más espero;
la esperanza de un deseo, y colofón,
del porqué aún estoy viviendo
la locura de morirme por tu amor.
Me tienes desesperado, y con razón,
pues tu cuerpo que me ha atrapado
es esquivo de cordura, pero amado,
por un loco que se ahoga en tu vapor.
Vapores que vais por los aires,
venid pronto en mi ayuda;
traed los altares, traed la fortuna,
de una mujer que en desaires,
sólo deja éste mi empeño, y amargura.
Si aroman buenos son bailes,
si alientan fresas, las tuyas,;
que no me dejen en brailes,
pues ciego no amo a ninguna;
que yo consciente no amaine
y caiga en tu hada hermosura.
Los hombre sois todos iguales,
vais a lo que vais,
y queréis lo que queréis.
Nosotras, las mujeres,
somos diferentes.
Dejamos que vengáis,
y damos el querer,
sin ver al semental
que es ser del semenquién.
Con ver al ser cabal
y oler a más de cien.
Pero siempre hay
¡Ay!, que siempre es,
ser, lo que será,
después, ya lo tendréis.
El cojito no tiene arreglo,
que por flojo a un paso quedó,
de llegar tan solo solito
que por cojo nunca llegó.
Si yo cojo y tú estás cojita,
cojeamos cojos los dos
¡Qué cojones!, dame la manita,
que en mi mano, chiquita,
tu cojera acabó.
Y sin un cojo sin pareja se queda
una mano marcho por manquita;
y otra mano tan sola se atienda
por no tener la cojita,
que recuerdo que coja a cojito cogió,
y cojera fue sólo la enmienda,
de una mano que sola va a tientas
intentando llenar el renglón.
¡Padre!, perfóralos,
que no saben lo que piden.
¿Y tú?, ¡quién eres?
¿Yo? ¡Yo soy el verbo!
¿Qué verbo?
El verbo ser.
¿Cómo?, ¿cómo va a ser posible?
Sí Soy la oportunidad.
¿Y yo?
Tú eres la inoportuna nada.
De la nada todo nació
y en la nada todo se acaba;
oportuno fuiste en tu rol
y el reloj tu hora horadaba.
Desde siempre dices tú ser,
ni te importa el alfa y la omega;
yo te digo que no pude ver
ni la alfalfa, ni el burro de pega.
El humano de humano nación
es humano sin chuflas ni pruebas;
que lo humano sólo aprendió,
y experiencia en la historia nos lega;
que si dicen que el uno creó,
fueron otros seguidos razón y materia.
Así es la vida aquí en la tierra
Amores, tristezas, dolores y quejas,
placeres y aromas de humos y hierbas;
risas y llantos, quimeras y vicios,
virtudes, tarantos, altares y oficios;
verdades, mentiras, el bien con su mal,
ángeles y demonios soñados y hablantes;
así son los vientos palpitantes
de la historia universal.
Constrúyeme un castillo
donde el sexo sea el ladrillo,
y el cemento sea el amor,
para que hecho el buen mortero
llegué al fin un caballero
hacia el castillo encantador.
Si al llegar hay una guerra,
que se vista de guerrero
y proclame en su tambor,
que el amor con más polvera,
es el sexo de la tierra
en su volcánico temblor.
Quizá el mono, dándole a la tecla infinitamente,
evolucione y consiga ser afortunado
de llegar a comprenderse,
ya que sólo debe limitarse
a una continua repetición de sí mismo.
Y en el campo paisaje
de los verdes orín,
sola un ave viaje
con sus vuelos de cinc.
Le dejo esta nota con el ánimo,
y el deseo, que se ponga en mi lugar
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