Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tejiendo hojas secas bajo sus suelas
avanzan apretando sus manos,
entrelazando dedos,
susurrando prelúdiales encuentros,
escondiendo el rostro debajo de miradas.
Hoja amarillas que se descuelgan,
para armarles el colchón mullido
en donde pernoctaran confidentes
e infieles acariciarán sus labios,
hasta que la herida se vuelva sangre desde sus venas.
Besos se muerden,
detrás de lenguas pegadas,
hasta saciar cremalleras antojadizas,
que se abren en abanico permisivo,
por saciar sus anhelos reprimidos.
Las hojas se muelen en las manos
destrozando menudos momentos,
que se desesperan para quedar estancados,
atorando la cálida ternura dibujada,
para suplir la ausencia que se avecina,
por allá dentro de su morada.
Ojos tras hojas quebrajadas,
se dejan ver con pinturas derramadas,
formando negras figuras sobre pómulos,
presagiando el abandono inmisericorde,
que cierne los pecados rotos,
desafiando la excomunión de sus santos.
Campanas gritan a la salida de sus sueños,
deteniéndose a la salida del entierro,
donde se hace ensordecedor su tañido,
metiéndose en el centro del pecho,
desafinando en el punto concreto,
donde la alianza conspiró su desayuno.
Hojas de otoño sonríen apretadas,
pues se han quedado tiradas
después de haber permanecido colgadas,
en el tronco de prejuicios condicionados,
desde que la semilla fue sometida en la tierra,
habiéndose regado con lluvia de estereotipos,
que sólo han persistido en ahondar,
en el pecado de amar ..
avanzan apretando sus manos,
entrelazando dedos,
susurrando prelúdiales encuentros,
escondiendo el rostro debajo de miradas.
Hoja amarillas que se descuelgan,
para armarles el colchón mullido
en donde pernoctaran confidentes
e infieles acariciarán sus labios,
hasta que la herida se vuelva sangre desde sus venas.
Besos se muerden,
detrás de lenguas pegadas,
hasta saciar cremalleras antojadizas,
que se abren en abanico permisivo,
por saciar sus anhelos reprimidos.
Las hojas se muelen en las manos
destrozando menudos momentos,
que se desesperan para quedar estancados,
atorando la cálida ternura dibujada,
para suplir la ausencia que se avecina,
por allá dentro de su morada.
Ojos tras hojas quebrajadas,
se dejan ver con pinturas derramadas,
formando negras figuras sobre pómulos,
presagiando el abandono inmisericorde,
que cierne los pecados rotos,
desafiando la excomunión de sus santos.
Campanas gritan a la salida de sus sueños,
deteniéndose a la salida del entierro,
donde se hace ensordecedor su tañido,
metiéndose en el centro del pecho,
desafinando en el punto concreto,
donde la alianza conspiró su desayuno.
Hojas de otoño sonríen apretadas,
pues se han quedado tiradas
después de haber permanecido colgadas,
en el tronco de prejuicios condicionados,
desde que la semilla fue sometida en la tierra,
habiéndose regado con lluvia de estereotipos,
que sólo han persistido en ahondar,
en el pecado de amar ..