Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
HOLISMOS
Toda esa sensibilidad,
esa tormenta apurando sus rododendros
recalcitrando la montaña,
derrumbando cuesta arriba la paz elucubrada,
disecando los modales en que los rostros son vapores
en un sueño novelesco.
Toda esa elocuencia,
la disipación de las palabras atravesando
pérfidos desiertos en que el aire
es espejismo del océano
y la fiebre atortola la mirada
mientras se vislumbra el pasado.
Toda esa piedad de la flora
argumentando la paz,
pactando la tregua,
marchando con los enemigos que quedaron
después de la ceniza y su emporio de escándalo prolijos,
después de llevar a cuestas la soledad
resucitar un ardid de desconsuelo,
un písamo de agrestes euforias,
ahora tú llegas, regresas a mi vera,
ingresas infausta a mis dominios
sin decirme nada,
sin pedirperdón o calma,
toda tú, enérgica y vibrátil
tambaleando
mis abismos habituales.
Toda esa sensibilidad,
esa tormenta apurando sus rododendros
recalcitrando la montaña,
derrumbando cuesta arriba la paz elucubrada,
disecando los modales en que los rostros son vapores
en un sueño novelesco.
Toda esa elocuencia,
la disipación de las palabras atravesando
pérfidos desiertos en que el aire
es espejismo del océano
y la fiebre atortola la mirada
mientras se vislumbra el pasado.
Toda esa piedad de la flora
argumentando la paz,
pactando la tregua,
marchando con los enemigos que quedaron
después de la ceniza y su emporio de escándalo prolijos,
después de llevar a cuestas la soledad
resucitar un ardid de desconsuelo,
un písamo de agrestes euforias,
ahora tú llegas, regresas a mi vera,
ingresas infausta a mis dominios
sin decirme nada,
sin pedirperdón o calma,
toda tú, enérgica y vibrátil
tambaleando
mis abismos habituales.
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