Carlos Clemente Olivares
Poeta recién llegado
Un hombre en las alturas,
el silencio eriza su piel
cavando surcos de indecisión en sus poros,
no piensa en nada, su mente ha callado,
solo un paso lo separa de la muerte
[FONT="]él quiere tomar ese paso.
El aire sus cabellos peina, jugueteando lascivo,
enmarañando el cúmulo de ideas en su cabeza,
su visión se ciega, indecisa, en medio de un ciclón turbio,
como agua de pocilga estancada y descompuesta.
De pronto, una y mil imágenes apedrean su mente,
mil recuerdos de desgracia pura e inconsciente,
sonidos en forma de reclamos que corroen su alma,
el grito de los santos implorando su nombre,
y unas manos del fondo del infierno lo invitan a pertenecer a este.
¡NO ME QUIEREN!
Grita en desespero y cegado por la angustia.
¡NO ME QUIEREN!
Grita cortando de tajo las venas de sus ansias.
[FONT="]Él ve de cerca el abismo de la muerte,
su sonrisa lo cautiva como al marino, de sirena, el canto,
y porque negarse si es placer por dios concebido,
como el alimento al hombre que en gula ha perecido.
Su decisión ha sido tomada ya,
no hay forma de regresar el tiempo y las heridas curar,
la espina que suturo sus lamentos destazó vil la hoja del libro de recuerdos,
paralizando impunemente, de su cuerpo, los reflejos.
La muerte clama, grita, implora comer su alma,
[FONT="]él ya dio el paso que lo hará enfrentarla,
solo ve demonios del pasado
y la mierda que queda en trasfondo,
inconsciente lanza un nuevo grito desesperado
¡ESTA VIDA NO VELE LA PENA!
¡NO ME QUIEREN!
¡NADIE ME HA QUERIDO!
Ve su vida en un segundo y en un segundo se le escapa,
reclama lo que nunca hizo y lo que hizo no le importa nada,
es un hombre solitario que a los brazos de Hades se ha lanzado,
por culpa de una vida desgraciada, por culpa de la maldita raza humana.
Él ha muerto ahora, ni la pena ni la gloria lo acompañan,
no hay una esquela que lamente su deceso, su vida, ni nada,
es ahora una mancha de sangre que pinta el sucio desengaño,
sus huesos destrozados son carroña de los recuerdos de antaño,
por el odio que acumulo en su pecho,
por la falta de vida en su existencia,
tomando el camino corto a donde (pronto) habremos de llegar todos.
el silencio eriza su piel
cavando surcos de indecisión en sus poros,
no piensa en nada, su mente ha callado,
solo un paso lo separa de la muerte
[FONT="]él quiere tomar ese paso.
El aire sus cabellos peina, jugueteando lascivo,
enmarañando el cúmulo de ideas en su cabeza,
su visión se ciega, indecisa, en medio de un ciclón turbio,
como agua de pocilga estancada y descompuesta.
De pronto, una y mil imágenes apedrean su mente,
mil recuerdos de desgracia pura e inconsciente,
sonidos en forma de reclamos que corroen su alma,
el grito de los santos implorando su nombre,
y unas manos del fondo del infierno lo invitan a pertenecer a este.
¡NO ME QUIEREN!
Grita en desespero y cegado por la angustia.
¡NO ME QUIEREN!
Grita cortando de tajo las venas de sus ansias.
[FONT="]Él ve de cerca el abismo de la muerte,
su sonrisa lo cautiva como al marino, de sirena, el canto,
y porque negarse si es placer por dios concebido,
como el alimento al hombre que en gula ha perecido.
Su decisión ha sido tomada ya,
no hay forma de regresar el tiempo y las heridas curar,
la espina que suturo sus lamentos destazó vil la hoja del libro de recuerdos,
paralizando impunemente, de su cuerpo, los reflejos.
La muerte clama, grita, implora comer su alma,
[FONT="]él ya dio el paso que lo hará enfrentarla,
solo ve demonios del pasado
y la mierda que queda en trasfondo,
inconsciente lanza un nuevo grito desesperado
¡ESTA VIDA NO VELE LA PENA!
¡NO ME QUIEREN!
¡NADIE ME HA QUERIDO!
Ve su vida en un segundo y en un segundo se le escapa,
reclama lo que nunca hizo y lo que hizo no le importa nada,
es un hombre solitario que a los brazos de Hades se ha lanzado,
por culpa de una vida desgraciada, por culpa de la maldita raza humana.
Él ha muerto ahora, ni la pena ni la gloria lo acompañan,
no hay una esquela que lamente su deceso, su vida, ni nada,
es ahora una mancha de sangre que pinta el sucio desengaño,
sus huesos destrozados son carroña de los recuerdos de antaño,
por el odio que acumulo en su pecho,
por la falta de vida en su existencia,
tomando el camino corto a donde (pronto) habremos de llegar todos.
Última edición por un moderador: