Parofi
Poeta asiduo al portal
Aquí, la sangre condena
al reflujo indómito
de tu arrebato bravío.
Vio tapizar los ladrillos
en tiempos de indolencia,
la sangre hurgó de comisuras
aquella estúpida torpeza.
¡No compañero!,
Aunque las botas ciñan
de colores el pavimento,
jamás esfumaran tu silueta.
Morarás entre los vivos,
en las murallas del suburbio,
habitarás en las proclama
que alimentan al mendigo.
Allí,
al costado de tu tiempo,
vendrás a recoger tu huerto.
Aunque las botas ciñan
de colores el pavimento,
no apagaran la tropelía
del maldito silencio.
¡No compañero!,
Rubricará tu hidalgo ejemplo
en las siembras del tropel,
toda refriega honrará la causa,
toda causa será tu ayer.
Allí,
al costado de tu tiempo,
tu nombre parirá consignas.
Y en el medio del espejo,
los procesos seguirán viviendo,
entre cantos y entrega,
entre mártires y sencillez,
mil años no borraran
la espesura de tu aliento.
¡No compañero!,
Aunque las botas ciñan
de colores el pavimento,
con tu voz y tu sustento
nos nutriremos como ayer...
Fueron tantos los caidos en la lucha por recuperar las democracias de nuestra américa latina, tantos y tantos, que hoy su recuerdo a ratos busca el divan del olvido, pero su entrega y su causa, no pueden ser parte del olvido. Este poema, tiene dedicación especial, Miguel Henriquez, secretario general del MIR, muerto en un enfrentamiento desigual el año 1974, entre fuerzas de la dictadura pinochetista y un puñado de combatientes en la clandestinidad.
al reflujo indómito
de tu arrebato bravío.
Vio tapizar los ladrillos
en tiempos de indolencia,
la sangre hurgó de comisuras
aquella estúpida torpeza.
¡No compañero!,
Aunque las botas ciñan
de colores el pavimento,
jamás esfumaran tu silueta.
Morarás entre los vivos,
en las murallas del suburbio,
habitarás en las proclama
que alimentan al mendigo.
Allí,
al costado de tu tiempo,
vendrás a recoger tu huerto.
Aunque las botas ciñan
de colores el pavimento,
no apagaran la tropelía
del maldito silencio.
¡No compañero!,
Rubricará tu hidalgo ejemplo
en las siembras del tropel,
toda refriega honrará la causa,
toda causa será tu ayer.
Allí,
al costado de tu tiempo,
tu nombre parirá consignas.
Y en el medio del espejo,
los procesos seguirán viviendo,
entre cantos y entrega,
entre mártires y sencillez,
mil años no borraran
la espesura de tu aliento.
¡No compañero!,
Aunque las botas ciñan
de colores el pavimento,
con tu voz y tu sustento
nos nutriremos como ayer...
Fueron tantos los caidos en la lucha por recuperar las democracias de nuestra américa latina, tantos y tantos, que hoy su recuerdo a ratos busca el divan del olvido, pero su entrega y su causa, no pueden ser parte del olvido. Este poema, tiene dedicación especial, Miguel Henriquez, secretario general del MIR, muerto en un enfrentamiento desigual el año 1974, entre fuerzas de la dictadura pinochetista y un puñado de combatientes en la clandestinidad.