Amanecí.
Mis pies a tocar alcanzan
metal frío de vías
frío de abandono.
Recuerdan la brisa del tren al partir,
mi rostro silencioso,
manos de caricias vacías
y el no latir de un corazón
que seguir mudo y en la noche prefiere,
en esa oscuridad, desierto inmóvil
cuando a lo lejos,
el amor se refleja muerto
como una gran ciudad, ruidosa, lejana.
Dejar vía significa
olvidar,
un nunca más para ese tren.
Indiferencia,
aunque les cueste a las estrellas
la sombra que estoy dando.
Lágrimas.
Dudas.
Enterrar al lastimado yo,
entre aquella brisa fresca
mis pies helados
y las quietudes que me rodean.
A más de media tarde,
inventar un sol, debe el amor
por ser ocaso.
A esa hora,
hora de partir.
Mis pies a tocar alcanzan
metal frío de vías
frío de abandono.
Recuerdan la brisa del tren al partir,
mi rostro silencioso,
manos de caricias vacías
y el no latir de un corazón
que seguir mudo y en la noche prefiere,
en esa oscuridad, desierto inmóvil
cuando a lo lejos,
el amor se refleja muerto
como una gran ciudad, ruidosa, lejana.
Dejar vía significa
olvidar,
un nunca más para ese tren.
Indiferencia,
aunque les cueste a las estrellas
la sombra que estoy dando.
Lágrimas.
Dudas.
Enterrar al lastimado yo,
entre aquella brisa fresca
mis pies helados
y las quietudes que me rodean.
A más de media tarde,
inventar un sol, debe el amor
por ser ocaso.
A esa hora,
hora de partir.