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Horario nocturno-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Copia o un suicidio

en la laxitud del día

cuerpo a cuerpo destruyendo

su efímera luz: cuerpo, consolidado

sobre tierras inundadas.

El arroz mítico que cauteriza

las heridas del vértigo-.





En la noche del día,

la vastedad del cuerpo insomne.

En la infinidad del cuerpo,

su luz, y un mínimo de sangre-.





Minutos que son alas

en tus manos sin palomas.

Segundos que son trámites

hasta tus brazos o extremidades,

aniquiladas, ángeles.

Sombríos tus gestos, sinfín

oscuro y matemático-.



Me gusta la precaria voluntad

de tu cuerpo, oh sombra

de lo instintivo!

Cómo recreas en mí, la cremación

de tus alas, laúdes certeros entre los árboles-.







Ballestas inauditas transmiten

su función de cuerpo fragoroso:

flechas y dianas, gemas sin poder,

orfandad de siglos, hasta el alcance

de las sombras, anillos como vehículos

de seda-.



Leo el acierto de tus versos.

Conforme avanzo, tu cuerpo

busca el regocijo del mío.

Placer, o aventura, es igual.

Mitad de sangre en la voluntad

distinguida.



Veo en el sueño la prontitud

de tu vibrante soliloquio: oh,

sombra de los hospitales, lanzando

sus abyectas formas

hacia mis genitales vacíos, estériles.

Veo esas arañas silenciosas

navegando por la carne-.



Tantas lágrimas, derrochadas

inútilmente, hasta tu saciedad

impávida, moscas, absortas,

comen tu lengua incierta. El bronce

de tus ineptas consolaciones-.





En la mañana me exigen trabajos.

Yo cauterizo las largas hileras de documentos:

reinvento los crímenes del alba.

Hasta que completo el sueño de los dólmenes-.



©
 
Copia o un suicidio

en la laxitud del día

cuerpo a cuerpo destruyendo

su efímera luz: cuerpo, consolidado

sobre tierras inundadas.

El arroz mítico que cauteriza

las heridas del vértigo-.





En la noche del día,

la vastedad del cuerpo insomne.

En la infinidad del cuerpo,

su luz, y un mínimo de sangre-.





Minutos que son alas

en tus manos sin palomas.

Segundos que son trámites

hasta tus brazos o extremidades,

aniquiladas, ángeles.

Sombríos tus gestos, sinfín

oscuro y matemático-.



Me gusta la precaria voluntad

de tu cuerpo, oh sombra

de lo instintivo!

Cómo recreas en mí, la cremación

de tus alas, laúdes certeros entre los árboles-.







Ballestas inauditas transmiten

su función de cuerpo fragoroso:

flechas y dianas, gemas sin poder,

orfandad de siglos, hasta el alcance

de las sombras, anillos como vehículos

de seda-.



Leo el acierto de tus versos.

Conforme avanzo, tu cuerpo

busca el regocijo del mío.

Placer, o aventura, es igual.

Mitad de sangre en la voluntad

distinguida.



Veo en el sueño la prontitud

de tu vibrante soliloquio: oh,

sombra de los hospitales, lanzando

sus abyectas formas

hacia mis genitales vacíos, estériles.

Veo esas arañas silenciosas

navegando por la carne-.



Tantas lágrimas, derrochadas

inútilmente, hasta tu saciedad

impávida, moscas, absortas,

comen tu lengua incierta. El bronce

de tus ineptas consolaciones-.





En la mañana me exigen trabajos.

Yo cauterizo las largas hileras de documentos:

reinvento los crímenes del alba.

Hasta que completo el sueño de los dólmenes-.



©
Voluntandes perdidas en ese fluir de secuencias donde la memoria va
desgranando como una perdida virtual del sueño. querer estar en el
y sentir que la imposibilidad desgaja la lucha. excelente.
saludos amables de luzyabsenta
 

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