Bolìvar Alava Mayorga
Poeta que considera el portal su segunda casa
El dolor entra en el horizonte incierto del pensar y del sentir,
que la mente o el "amor" a trazado inultilmente,
en los lìmites de la razòn o del corazòn, hacièndonos;
mendigos o esclavos de sus desesperanzas .
Los Derechos Civiles, no ha hecho nada por reclamar,
los Derechos Humanos, donde radica el amor...
en todos sus conceptos, porque desconoce el dolor
permitièndolo pagarlo o negociarlo, mediante sus Leyes
llegando a una miserable e inicua definiciòn...
de una "verdad" forzadamente permutable e intercambiable .
La autodeterminaciòn, no conoce la compasiòn...
porque es propio del "ser" en decidir su destino,
y no comprendemos; cuando nuestros hijos
parientes y amigos, nos defraudan en la ilusiòn
de verlos felices, o cuando nuestra compañera (o),
decide alejarse (abandono) sin poder luchar ante la
adversidad de su razòn .
El deseo silencioso de querer estùpidamente...
a una mujer o marido (ajeno), entra en la normalidad
sana del ser humano, solamente porque no se pueden
controlar en la "envidia" sus apeteceres; desconociendo
a propòsito, en una forma terca o neciamente...
la "sublimidad", de lo que se tiene como compañera (o) .
que la mente o el "amor" a trazado inultilmente,
en los lìmites de la razòn o del corazòn, hacièndonos;
mendigos o esclavos de sus desesperanzas .
Los Derechos Civiles, no ha hecho nada por reclamar,
los Derechos Humanos, donde radica el amor...
en todos sus conceptos, porque desconoce el dolor
permitièndolo pagarlo o negociarlo, mediante sus Leyes
llegando a una miserable e inicua definiciòn...
de una "verdad" forzadamente permutable e intercambiable .
La autodeterminaciòn, no conoce la compasiòn...
porque es propio del "ser" en decidir su destino,
y no comprendemos; cuando nuestros hijos
parientes y amigos, nos defraudan en la ilusiòn
de verlos felices, o cuando nuestra compañera (o),
decide alejarse (abandono) sin poder luchar ante la
adversidad de su razòn .
El deseo silencioso de querer estùpidamente...
a una mujer o marido (ajeno), entra en la normalidad
sana del ser humano, solamente porque no se pueden
controlar en la "envidia" sus apeteceres; desconociendo
a propòsito, en una forma terca o neciamente...
la "sublimidad", de lo que se tiene como compañera (o) .