Hoy he escrito un poema sin angustia
Rubia de cristal y roncería lenta
al límite vivo de mi pecho.
Perforas tiernamente la madrugada que vuelve y te llama:
ven, vamos, abre tus orillas.
Y pone eco de lluvia.
Roce jugoso y carne, alzas la caricia
del cálido color de las esperas
y me miras.
Abren surcos tus ojos
y besas a quién un beso es quemazón
en las entrañas y ardido.
Fluye el silencio de tu mirada llena.
Lo rebosa todo
y llega hasta mi sangre que vuelve y te llama:
ya voy, ya voy,
y vuelves raíz de muchas tardes, ala y semilla,
noche entera
que enciende la llama del alba
exacta y tuya.
Y te demoras, para volver a irte.
Rubia de cristal y roncería lenta
al límite vivo de mi pecho.
Perforas tiernamente la madrugada que vuelve y te llama:
ven, vamos, abre tus orillas.
Y pone eco de lluvia.
Roce jugoso y carne, alzas la caricia
del cálido color de las esperas
y me miras.
Abren surcos tus ojos
y besas a quién un beso es quemazón
en las entrañas y ardido.
Fluye el silencio de tu mirada llena.
Lo rebosa todo
y llega hasta mi sangre que vuelve y te llama:
ya voy, ya voy,
y vuelves raíz de muchas tardes, ala y semilla,
noche entera
que enciende la llama del alba
exacta y tuya.
Y te demoras, para volver a irte.