Enrique Romero
Poeta recién llegado
Hoy por hoy no se hacen tantas cuentas
están las cosas ahí, vuelteando en vilo
y uno solo las recuerda para no golpearse la cabeza.
Hay otras muecas, esas de las que me imagino,
esas de las que bien me sé, las dibujo en la cortina.
Atrás, bayonetas como ciempiés,
lluvia de olivos que al furtivo
millar del atardecer
recoge sus hijos.
Vueltas paran ya,
Urano.
Soplo en la cordillera,
al ras, la brisa relinchó,
sembradío sereno,
y yo que tanto te cuesto,
me voy desgastando
de tanto costarte,
me voy haciendo un hueco.
Y ahora sopla en la cordillera,
siempre al ras, viento ralito;
desconcertado, desairado
vuelta en sombrías ciénagas,
ciego celador de ninguna puerta,
soldado del perdido eslabón,
soldado, soldadito.
están las cosas ahí, vuelteando en vilo
y uno solo las recuerda para no golpearse la cabeza.
Hay otras muecas, esas de las que me imagino,
esas de las que bien me sé, las dibujo en la cortina.
Atrás, bayonetas como ciempiés,
lluvia de olivos que al furtivo
millar del atardecer
recoge sus hijos.
Vueltas paran ya,
Urano.
Soplo en la cordillera,
al ras, la brisa relinchó,
sembradío sereno,
y yo que tanto te cuesto,
me voy desgastando
de tanto costarte,
me voy haciendo un hueco.
Y ahora sopla en la cordillera,
siempre al ras, viento ralito;
desconcertado, desairado
vuelta en sombrías ciénagas,
ciego celador de ninguna puerta,
soldado del perdido eslabón,
soldado, soldadito.
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