XANA
Poeta fiel al portal
Hoy, que nada tengo que ofrecerte,
me presento ante ti abnegado
como un niño que trata de ocultar una travesura
mientras balbucea una tímida disculpa
e intenta contener las incipientes lágrimas.
Hoy, que nada tengo que ofrecerte,
me presento ante ti avergonzado,
con las manos vacías, obscenamente incorpóreo,
cual sombra mutilada.
Hoy, que nada tengo que ofrecerte,
me presento ante ti taciturno,
lacónico en la palabra y en el gesto,
sin promesas.
Hoy, que nada tengo que ofrecerte,
me presento ante ti lisonjeramente implorante,
ridículamente obsequioso,
enjalbegado, cual pared, mi rostro.
Hoy, que nada tengo que ofrecerte,
me presento ante ti trémulo
cual llamada agitada por un suspiro.
Una marioneta sin cuerdas.
Mendigo de razones.
Hoy, que nada tengo que ofrecerte,
me presento ante ti desmedrado en mi orgullo,
huérfano de un manes que purifique mi alma,
dejado de la mano por mi musa.
me presento ante ti abnegado
como un niño que trata de ocultar una travesura
mientras balbucea una tímida disculpa
e intenta contener las incipientes lágrimas.
Hoy, que nada tengo que ofrecerte,
me presento ante ti avergonzado,
con las manos vacías, obscenamente incorpóreo,
cual sombra mutilada.
Hoy, que nada tengo que ofrecerte,
me presento ante ti taciturno,
lacónico en la palabra y en el gesto,
sin promesas.
Hoy, que nada tengo que ofrecerte,
me presento ante ti lisonjeramente implorante,
ridículamente obsequioso,
enjalbegado, cual pared, mi rostro.
Hoy, que nada tengo que ofrecerte,
me presento ante ti trémulo
cual llamada agitada por un suspiro.
Una marioneta sin cuerdas.
Mendigo de razones.
Hoy, que nada tengo que ofrecerte,
me presento ante ti desmedrado en mi orgullo,
huérfano de un manes que purifique mi alma,
dejado de la mano por mi musa.