Hoy río de mi alegría

faraón

Poeta recién llegado
Hoy río de mi alegría,
pues, sé que no es verdadera;
Me atrapa igual que el día
y me deja sin paz ni pena.

Escucho la risa del árbol,
melancólica por naturaleza.
Sus hojas buscan lo claro,
pero sus raíces más se entierran.

Se me acerca la víbora y su suerte,
cambiando de piel más que yo de ropa.
Arrastrándose tan pequeña como un juguete
y tan inmensa al trepar al árbol hasta la copa.

Critica mis alegrías
y ríe con mis tragedias.
Mi suerte le despierta risa
como una mordida cruda y añeja.

Dijo:
“Yo no gusto de las ratas,
pero por mi veneno perecen.
Yo no vivo por mi causa,
sólo doy lo que merecen.

Nunca casa
Y siempre escondite.
El bosque me acorrala,
el hombre lo permite.

Ríos de hojas.
Árbol de agua.
El llanto se ahoga
y el veneno se apaga.

Por mí corren
viento y sangre,
Por mí mueren
luz y amantes.

¿Ansías mi suerte,
tú, triste rata?
Pues, de mis colmillos
sólo cae muerte,
y más ágiles que finos
se anidarán en tu espalda.
Tú vives tragedias,
duraderas y amargas,
donde yo veo comedias
y un actor sin gracia.

Yo finjo para los hombres
y su implacable rabia.
Mientras tú actúas para tu pobre
e incrédulo público: Las ratas.

Aun tu obra maestra
es una sobra del hombre.
¡No vivas la misma escena!
Pues, es una muerte lenta
maquillada como noble.”

Como frágil bofetada
el cenit mutó en ocaso.
Sentía muerto el brazo
y escuché el verbo tras mi espalda:

“Hasta ti he llegado
con la muerte helada...”
 

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