Y la vegetación de interior entre las arenas movedizas,
la libreta de las anotaciones,
y los colores condensados de los recuerdos…
y el oído de esos telones de la llovizna, y las altas torres del sueño;
esa bahía de los ajedreces efervescentes…
y el amor primitivo, la debilidad y el pelaje,
la luz en ámbar…
y el repertorio de esas pequeñas estrategias, a esa hora industrial,
y esos barcos que regresaban marchitos…
y un recuento de anhelos opacos,
la ventana del poeta que empatiza,
las moscas en zigzag por esos afluentes del vino…
y quizás porque ahora, nuevamente me siento capaz,
y a cambio te regalo un huesecillo.