P
poetaysoñador
Invitado
Ya vienen los perros arrastrados por los fuertes aquilones,
ya están llegando con sus horrisonantes ladridos, ya vienen;
con tan solo sus zahareños y metalíferos collares por bienes,
sitibundos de venganza y soltando improperios a borbollones.
Ya están aquí los infelices videntes que vaticinaban el fracaso,
ahora que la fortuna me mira a los ojos, ellos ya están aquí;
que vagarosa es la suerte cuando se deja llevar por su frenesí,
venusta cuando te acaricia y envidiada al producirse el ocaso.
Déjales que ladren, princesa de la calle, que se atraganten
y se emponzoñen ellos mismos con sus deletéreos ladridos;
que se desenamoren de ti por su propia cuenta y desgaste.
Vayámonos tú y yo lejos de este empequeñecido laberinto,
lancémonos a volar haciendo compañía a las legendarias aves;
tú y yo solos, revolucionándonos con la luna y algo de instinto.
ya están llegando con sus horrisonantes ladridos, ya vienen;
con tan solo sus zahareños y metalíferos collares por bienes,
sitibundos de venganza y soltando improperios a borbollones.
Ya están aquí los infelices videntes que vaticinaban el fracaso,
ahora que la fortuna me mira a los ojos, ellos ya están aquí;
que vagarosa es la suerte cuando se deja llevar por su frenesí,
venusta cuando te acaricia y envidiada al producirse el ocaso.
Déjales que ladren, princesa de la calle, que se atraganten
y se emponzoñen ellos mismos con sus deletéreos ladridos;
que se desenamoren de ti por su propia cuenta y desgaste.
Vayámonos tú y yo lejos de este empequeñecido laberinto,
lancémonos a volar haciendo compañía a las legendarias aves;
tú y yo solos, revolucionándonos con la luna y algo de instinto.