Huiste, como huyen los paisajes
en la estampa nocturna. O se transforman
en otras panorámicas más líquidas
que vuelven a abrigar los ventanales
con la puntualidad de la penumbra.
Se aprietan en la vista los caudales
de vida sin el puente que pueda traspasarlos
hacia la claridad de tu regreso,
de la visión elástica sin gotas
que devuelva tu aspecto a los cristales
desde los que mis ojos te bautizan
y no quieres el agua en tu cabeza.
Desprecias esta orilla interminable,
y sus salpicaduras solitarias,
la acequia donde van las estaciones
en busca de las hojas de tus ojos
para colorearme de verde y perspectivas,
con las diagonales de dos bocas
donándose el aliento
y el oxígeno
en la línea perfecta de una sombra.
en la estampa nocturna. O se transforman
en otras panorámicas más líquidas
que vuelven a abrigar los ventanales
con la puntualidad de la penumbra.
Se aprietan en la vista los caudales
de vida sin el puente que pueda traspasarlos
hacia la claridad de tu regreso,
de la visión elástica sin gotas
que devuelva tu aspecto a los cristales
desde los que mis ojos te bautizan
y no quieres el agua en tu cabeza.
Desprecias esta orilla interminable,
y sus salpicaduras solitarias,
la acequia donde van las estaciones
en busca de las hojas de tus ojos
para colorearme de verde y perspectivas,
con las diagonales de dos bocas
donándose el aliento
y el oxígeno
en la línea perfecta de una sombra.