BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Granos de arena que llevo tatuados en mi piel. Corazones pequeños que buscan amparo y zonas de sosiego, plumaje inverso de recipientes de hojalata o de cristal. Buscan en las yemas de sus dedos, dactilares esquemas de un pasado propagado. No es extraño ver tus pequeños dientes amarillos, resolver problemas de matemáticas, junto a un cielo de nicotina y espuma de mar. Busco en los desagües y en las alcantarillas, un nicho de volúmenes aéreos, pájaros, dimensiones frágiles de un amanecer con caries. Llevo en el pecho un área de densas oscuridades, participios de un sinfín de pequeñas flores de agosto. Luminosas pieles en mi bautizo frenético, luchas, combates, aunque el tiempo de las uvas haya pasado. Mi cuerpo es un frenesí de aves, de desgarros internos, de efímeras disputas. En el cielo hay estrellas y abajo, queda la tierra hendida.
De números y de odios irreconciliables, pequeños seres vivos de la humedad disciplinada.
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De números y de odios irreconciliables, pequeños seres vivos de la humedad disciplinada.
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