Tus ojos, son dos fogones
que cambiaron mi destino,
de uno más en el camino,
a domador de leones.
Tu lengua, en el medio lleno
vaso de mi amargo vino,
vuelca su dulce veneno.
Tus labios no tienen freno.
Miento al decirte: te quiero.
Pero es verte, corazón
y se apaga mi razón.
Arrojo por el balcón
las normas con que me rijo.
Olvido mi religión, mi señora
y a mis hijos.
que cambiaron mi destino,
de uno más en el camino,
a domador de leones.
Tu lengua, en el medio lleno
vaso de mi amargo vino,
vuelca su dulce veneno.
Tus labios no tienen freno.
Miento al decirte: te quiero.
Pero es verte, corazón
y se apaga mi razón.
Arrojo por el balcón
las normas con que me rijo.
Olvido mi religión, mi señora
y a mis hijos.