I

Nito

Poeta recién llegado
Tus ojos, son dos fogones
que cambiaron mi destino,
de uno más en el camino,
a domador de leones.

Tu lengua, en el medio lleno
vaso de mi amargo vino,
vuelca su dulce veneno.

Tus labios no tienen freno.

Miento al decirte: “te quiero”.
Pero es verte, corazón
y se apaga mi razón.
Arrojo por el balcón
las normas con que me rijo.
Olvido mi religión, mi señora
y a mis hijos.
 

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