Ignis I, II

elyon

Poeta recién llegado

Ingreso al camino, sin sentirse avergonzada, solo en un momento
que se desplazo sutilmente hacia el candelabro, sin que nadie
lo notara, ya había tomado el fuego entre sus manos, rápidamente
le escupió zircón para apaciguar a chrono quien molesto se encontraba
de volver a caer entre mágicas voluntades, pero ya al poco rato
se cristalizo casi completamente, Ártemis elogiando continuamente
sus deberes como minimistas del firegowl, se desato rápidamente
de su conversación, dentro de la caja se esparcía un ambiente sosegante,
nadie hubiera notado a la llama Chrono dentro de esta. Luego de las festividades,
darán cuenta del porque tal astucia era el cegar de sus habilidades,
anteriormente la captura de un espíritu libre y rebelde, y posteriormente
la vuelta a la única persona capaz de apaciguar su llama.
Eran dos fuerzas totalmente incontrolables, ¿cómo pensaban los aristócratas
tan estúpidamente? ; "Los capturamos, los separamos, los enjaulamos" un pensamiento
tan común que dejaba ver la bajeza en la que se encontraba la polis novica, aún
así no era cosa de ella resaltar las habilidades de aquellos médium, Ártemis no
se preocupaba más que por su especialidad, no había otra cosa para ella, nada más
importante que el fuego, y sus queridas disirs a quien enseñaba cada noche, ahora
nada más debía hacer que Chrono iluminara nuevamente su aposento, y luego
vendría el nacimiento de su hermoso Fénix, bien sabemos que aquel cuerpo era
el aposento y aquel Fénix no iba a ser nadie más que la propia llama Chrono, igualmente
yo escuche los rumores, de las cenizas que nunca desaparecieron, seguían ardiendo,
en una pequeña bola de fuego a quien solo Ártemis tenía derecho de controlar, y que jamás
eran habilidades de dogma, simplemente una valquiria, una Disir tan grandiosa como lo es
Ártemis, y aun más siendo magister in fogo, era capaz de dialogar y utilizar a Chrono,
pero con su pureza innata jamás quiso otra cosa más que el renacer del Fénix Tiempo espacio,
Chrono.
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II

Era el ambiente húmedo, los galopes sobre jardines desmesurados en belleza natural donde descansaba el sagrado cristal, ese que haría la muerte un cuento de cuentos ficticios o ilusorios.

Fuentes de agua cristalina recién filtrada por las rocas de aquel montañoso panorama donde Ártemis saciaba su sed que llegaba en horas tempranas luego de cabalgar por largas horas bajo la luz de Selene, a veces entre las sombras gélidas de los arboles añoraba un atajo pasadero, pero solo encontraba una senda de luz inimitable, no había algún otro destino aquella mañana más que sobrellevar la carga de su voluntad.
El duro trayecto que había conllevado Ártemis hasta lo más profundo de aquel bosque le había dejado casi sin aliento, pues con bastante recelo se guardaban las criaturas que allí habitaban robando la energía de Ártemis que aun sabiendo lo que sucedía a sus alrededores continuo sobre su caballo blanco a quien proporcionaba sus energías que el bosque le robaba, así sucedió que Ártemis casi a punto de desmayar sobre su blanco corcel había rescatado uno de los tesoros más preciados del mundo...

Al salir de la espesura, le esperaba en el valle una de sus disirs más valientes...
-Lo habéis logrado... oh grandiosa Ártemis, no desfallezcas, ya casi hemos acabado- hablaba la hermosa Disir mientras regalaba un poco de sus energías a la gran deidad del fuego.
-Este Zafiro es el último elemento del oráculo, el cielo deberá aceptar que existe una luz por defecto, una que estuvo presente mucho antes de la oscuridad, es con esto que
la noche deberá temblar- dijo Ártemis mientras resguardaba el zafiro entre su túnica mágica.

Ártemis protegería todo lo que existía con todo lo que ella era, pues el fénix era la estructura inicial de todo lo que existía, y todo lo que suele ser solo es polvo de estrellas, polvo o cenizas de las que Chrono, debería dar comienzo al gran ave de fuego.

Admirar, admirar la estructura de la vida, admirar el viento celestial, admirar la brisa somnolienta que anhela despertar con una chispa incandescente. ¡Acabad con el Firegowl!
Pues los novicos se encontraban sumidos en el furor de las artes negras, consigo llevasen el meritorio deber de hacer la guerra al las artes del fuego.
Al encuentro con Las Disirs a quienes perseguían desde las montañas, dieron la angustia que causa la completa oscuridad, desplegaron las fuerzas más latentes de sus filas tenebrosas, seres semi-naturales productos del ocultismo medieval, hijos de sus antecesores griegos, animales con el instinto demoníaco, su único deseo era el de matar.
Ártemis apresuro el galope, pero ya era inevitable, les alcanzarían tarde o temprano...
-Graciel, llevadle el zafiro a Chrono, y alejaos de allí-
sin más remedio, Ártemis daría hasta su vida por proteger el destino del Firegowl.
-Si llegases a morir, moriría yo también, por eso resiste Ártemis, volveré por ti-
Así la hermosa Disir continuo su viaje velozmente, cargando consigo no solo la voluntad de Ártemis, sino también la del oráculo, y las demás valquirias.


Di Ártemis -¡Arded en mis llamas, o huid a la oscuridad! ¿Qué deseáis?

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elyon... ^w^
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