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Igualdad por satélite

Ricardo López Castro

*Deuteronómico*
El gato sumiso que araña simetrías se alquila a las bisagras,
mientras la puerta se abre multitud de veces al día,
los buscadores conciencian a los buscadores,
el mensaje arrugado echa raíces en el lomo del buey.

No se es grande y gárgara al mismo tiempo,
a no ser que la prudencia del semáforo nos pague las facturas.

El hombre se estiliza y se esfuma de la filantropía, soplando en el cuello de una botella, y asfixiándose con una bolsa ecológica.

Es el formulario de admisión eterno, elíptico, cuando piensa en torno a sí, desparramando herencias.

Crea galaxias.
No planetas.
No se cuantifican los establecimientos de espejos consumistas, ni los comestibles transgénicos, es más, se anuncian prostíbulos más tentadores que la droga del poder.

El pensamiento ordenado resulta pedante y efervescente, como una lata de ajo en polvo.

No hay seminarios para cucarachas vestidas de cuchillo, ni armas para insectos, por ello somos puntos energéticos, pero sin elixir.

La fe en la memoria astronómica de un perro cojo, los ciegos se mofan del violín cuando a arician las paredes.

Se puede tardar milenios en accidentarse, ya que la mente es anterior al tiempo y al choque frontal entre dios y la poesía.

Sí, ése que nos rodea, con sogas lameculos, y en el que la distinción crea la premura, como si el útero pariese con retracción.

Como un fusil encasquillado, envasado al caos, los pies de plomo y el encubrimiento entrometido de las encimeras, llueven el granito.

La piedra es el sedimento humano que nos camina.

Se puede equilibrar con un restaurante de cinco tenedores, para comensales mancos, con las ideas de un jugador de póker, y con la conciencia de una servilleta.

Pero no es independiente de nadie el miasmo del eslabón de la meditación.

Un roble que se eriza la piel es un bosque de árboles en la garganta.

Es humanizar la huelga del misionero y aceptar el petróleo de las colmenas, dulce como el niño que se columpia en un parque de etiquetas.

El destino estructurado del ajedrez, o la llave vista desde el ojo de la cerradura.

Nadie se eleva como un bulto de aire, ni los atlas cargan con el peso de los hospitales.

En el libro de una vela se puede hacer magia, solo invocando a las herejías, con el sol vacío del planeta sin satélites, esta tierra virgen y postrada, sin miedo a vivir en una litera, con discapacidades y dioses a partes iguales.
 
El gato sumiso que araña simetrías se alquila a las bisagras,
mientras la puerta se abre multitud de veces al día,
los buscadores conciencian a los buscadores,
el mensaje arrugado echa raíces en el lomo del buey.

No se es grande y gárgara al mismo tiempo,
a no ser que la prudencia del semáforo nos pague las facturas.

El hombre se estiliza y se esfuma de la filantropía, soplando en el cuello de una botella, y asfixiándose con una bolsa ecológica.

Es el formulario de admisión eterno, elíptico, cuando piensa en torno a sí, desparramando herencias.

Crea galaxias.
No planetas.
No se cuantifican los establecimientos de espejos consumistas, ni los comestibles transgénicos, es más, se anuncian prostíbulos más tentadores que la droga del poder.

El pensamiento ordenado resulta pedante y efervescente, como una lata de ajo en polvo.

No hay seminarios para cucarachas vestidas de cuchillo, ni armas para insectos, por ello somos puntos energéticos, pero sin elixir.

La fe en la memoria astronómica de un perro cojo, los ciegos se mofan del violín cuando a arician las paredes.

Se puede tardar milenios en accidentarse, ya que la mente es anterior al tiempo y al choque frontal entre dios y la poesía.

Sí, ése que nos rodea, con sogas lameculos, y en el que la distinción crea la premura, como si el útero pariese con retracción.

Como un fusil encasquillado, envasado al caos, los pies de plomo y el encubrimiento entrometido de las encimeras, llueven el granito.

La piedra es el sedimento humano que nos camina.

Se puede equilibrar con un restaurante de cinco tenedores, para comensales mancos, con las ideas de un jugador de póker, y con la conciencia de una servilleta.

Pero no es independiente de nadie el miasmo del eslabón de la meditación.

Un roble que se eriza la piel es un bosque de árboles en la garganta.

Es humanizar la huelga del misionero y aceptar el petróleo de las colmenas, dulce como el niño que se columpia en un parque de etiquetas.

El destino estructurado del ajedrez, o la llave vista desde el ojo de la cerradura.

Nadie se eleva como un bulto de aire, ni los atlas cargan con el peso de los hospitales.

En el libro de una vela se puede hacer magia, solo invocando a las herejías, con el sol vacío del planeta sin satélites, esta tierra virgen y postrada, sin miedo a vivir en una litera, con discapacidades y dioses a partes iguales.

Interesantes reflexiones surrealistas, enhorabuena. Un placer leer, amigo Ricardo, saludos, que tengas una estupenda semana.
 
El gato sumiso que araña simetrías se alquila a las bisagras,
mientras la puerta se abre multitud de veces al día,
los buscadores conciencian a los buscadores,
el mensaje arrugado echa raíces en el lomo del buey.

No se es grande y gárgara al mismo tiempo,
a no ser que la prudencia del semáforo nos pague las facturas.

El hombre se estiliza y se esfuma de la filantropía, soplando en el cuello de una botella, y asfixiándose con una bolsa ecológica.

Es el formulario de admisión eterno, elíptico, cuando piensa en torno a sí, desparramando herencias.

Crea galaxias.
No planetas.
No se cuantifican los establecimientos de espejos consumistas, ni los comestibles transgénicos, es más, se anuncian prostíbulos más tentadores que la droga del poder.

El pensamiento ordenado resulta pedante y efervescente, como una lata de ajo en polvo.

No hay seminarios para cucarachas vestidas de cuchillo, ni armas para insectos, por ello somos puntos energéticos, pero sin elixir.

La fe en la memoria astronómica de un perro cojo, los ciegos se mofan del violín cuando a arician las paredes.

Se puede tardar milenios en accidentarse, ya que la mente es anterior al tiempo y al choque frontal entre dios y la poesía.

Sí, ése que nos rodea, con sogas lameculos, y en el que la distinción crea la premura, como si el útero pariese con retracción.

Como un fusil encasquillado, envasado al caos, los pies de plomo y el encubrimiento entrometido de las encimeras, llueven el granito.

La piedra es el sedimento humano que nos camina.

Se puede equilibrar con un restaurante de cinco tenedores, para comensales mancos, con las ideas de un jugador de póker, y con la conciencia de una servilleta.

Pero no es independiente de nadie el miasmo del eslabón de la meditación.

Un roble que se eriza la piel es un bosque de árboles en la garganta.

Es humanizar la huelga del misionero y aceptar el petróleo de las colmenas, dulce como el niño que se columpia en un parque de etiquetas.

El destino estructurado del ajedrez, o la llave vista desde el ojo de la cerradura.

Nadie se eleva como un bulto de aire, ni los atlas cargan con el peso de los hospitales.

En el libro de una vela se puede hacer magia, solo invocando a las herejías, con el sol vacío del planeta sin satélites, esta tierra virgen y postrada, sin miedo a vivir en una litera, con discapacidades y dioses a partes iguales.
ME GUSTO MUCHO TU OBRA, PERO HAY UN DETALLITO, YO LO CLASIFICO COMO RELATO SURREALISTA, REALMENTE HE LEIDO MUY POCOS Y EN ALGUNOS CASOS NI SIQUIERA ME APETECE TERMINAR DE LEERLOS, PERO EL TUYO ES GRATO DE PRINCIPIO A FIN Y ALCANZA PARA RELEERLO. TE FELICITO POETA, TENGO MUCHO QUE APRENDER. FELIZ DIA. DESIRE SOLE
 
El gato sumiso que araña simetrías se alquila a las bisagras,
mientras la puerta se abre multitud de veces al día,
los buscadores conciencian a los buscadores,
el mensaje arrugado echa raíces en el lomo del buey.

No se es grande y gárgara al mismo tiempo,
a no ser que la prudencia del semáforo nos pague las facturas.

El hombre se estiliza y se esfuma de la filantropía, soplando en el cuello de una botella, y asfixiándose con una bolsa ecológica.

Es el formulario de admisión eterno, elíptico, cuando piensa en torno a sí, desparramando herencias.

Crea galaxias.
No planetas.
No se cuantifican los establecimientos de espejos consumistas, ni los comestibles transgénicos, es más, se anuncian prostíbulos más tentadores que la droga del poder.

El pensamiento ordenado resulta pedante y efervescente, como una lata de ajo en polvo.

No hay seminarios para cucarachas vestidas de cuchillo, ni armas para insectos, por ello somos puntos energéticos, pero sin elixir.

La fe en la memoria astronómica de un perro cojo, los ciegos se mofan del violín cuando a arician las paredes.

Se puede tardar milenios en accidentarse, ya que la mente es anterior al tiempo y al choque frontal entre dios y la poesía.

Sí, ése que nos rodea, con sogas lameculos, y en el que la distinción crea la premura, como si el útero pariese con retracción.

Como un fusil encasquillado, envasado al caos, los pies de plomo y el encubrimiento entrometido de las encimeras, llueven el granito.

La piedra es el sedimento humano que nos camina.

Se puede equilibrar con un restaurante de cinco tenedores, para comensales mancos, con las ideas de un jugador de póker, y con la conciencia de una servilleta.

Pero no es independiente de nadie el miasmo del eslabón de la meditación.

Un roble que se eriza la piel es un bosque de árboles en la garganta.

Es humanizar la huelga del misionero y aceptar el petróleo de las colmenas, dulce como el niño que se columpia en un parque de etiquetas.

El destino estructurado del ajedrez, o la llave vista desde el ojo de la cerradura.

Nadie se eleva como un bulto de aire, ni los atlas cargan con el peso de los hospitales.

En el libro de una vela se puede hacer magia, solo invocando a las herejías, con el sol vacío del planeta sin satélites, esta tierra virgen y postrada, sin miedo a vivir en una litera, con discapacidades y dioses a partes iguales.
Pequeños escalones que entre imagenes crean como un elevado cosquilleo
abierto al vuelco del espacio de pureza poetica. ahi cabe desgarro y sobre todo
diapasones de germenes que marcan ese pensamiento candente.
excelente. saludos con afecto de luzyabsenta
 

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