Jorge Alexander Caicedo
Poeta recién llegado
Son dos, arrojados al mundo
dos máscaras de hambre con ojos de niño.
cuatro puños cerrados, esculpidos de miseria,
dos anatomías sucias iniciando su viaje final.
Un periodista espanta el silencio,
truenan los flash, los escenógrafos
retocan la miseria y ahora todo es ilusión.
Los chicos sonríen, juegan, calculan
el valor de una cámara, de un vehículo.
¡Y si mañana fuese periodista!
Este periodista sonríe, juega, calcula
un posible aumento, escribir un libro,
¿a quién tocará desgracia?
es el momento a escena,
maquillaje de melancolía,
algo de compasión, dos o tres
frases de desconsuelo,
algo de indiferencia,
el público enloquecerá.
Tras la pantalla tú o yo .
Sonrío, juego, calculo.
Tal vez almuerce o cene;
cuánto tiempo vivirán,
quién los ayudará, tal vez
alguien se angustie,
piense en su hijos,
y rompa en llanto...
¿pero quién los buscará?
Un político sonríe, juega, calcula
la intensión de voto, el número celular
del asesor de imagen, el tiempo de llegada,
se abastece con mercado, tal vez con becas.
De nuevo el flash, esta vez la miseria se perfuma,
se esconde en el hambre, en las bambalinas.
La hipocresía eleva sus alas y envuelve el lugar.
Los chicos sonríen de nuevo, pero no juegan;
y calculan, después de este día, este mes,
para qué una beca, si no se puede comer;
y su manos se cierran de nuevo, regresan
las mascaras de hambre y la miseria.
Y se acaba la ilusión de las cámaras.
dos máscaras de hambre con ojos de niño.
cuatro puños cerrados, esculpidos de miseria,
dos anatomías sucias iniciando su viaje final.
Un periodista espanta el silencio,
truenan los flash, los escenógrafos
retocan la miseria y ahora todo es ilusión.
Los chicos sonríen, juegan, calculan
el valor de una cámara, de un vehículo.
¡Y si mañana fuese periodista!
Este periodista sonríe, juega, calcula
un posible aumento, escribir un libro,
¿a quién tocará desgracia?
es el momento a escena,
maquillaje de melancolía,
algo de compasión, dos o tres
frases de desconsuelo,
algo de indiferencia,
el público enloquecerá.
Tras la pantalla tú o yo .
Sonrío, juego, calculo.
Tal vez almuerce o cene;
cuánto tiempo vivirán,
quién los ayudará, tal vez
alguien se angustie,
piense en su hijos,
y rompa en llanto...
¿pero quién los buscará?
Un político sonríe, juega, calcula
la intensión de voto, el número celular
del asesor de imagen, el tiempo de llegada,
se abastece con mercado, tal vez con becas.
De nuevo el flash, esta vez la miseria se perfuma,
se esconde en el hambre, en las bambalinas.
La hipocresía eleva sus alas y envuelve el lugar.
Los chicos sonríen de nuevo, pero no juegan;
y calculan, después de este día, este mes,
para qué una beca, si no se puede comer;
y su manos se cierran de nuevo, regresan
las mascaras de hambre y la miseria.
Y se acaba la ilusión de las cámaras.
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