Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
IMÁGENES EN EL VERTICAL DE UN ABISMO.
Se alzan los acantilados del abismo,
donde la espuma del mar muerde la boca,
arranca existencias inertes, a dentelladas
húmedas de muerte, donde la poesía
cuelga desnuda del hilo de una letra.
Mece el viento el pelo de una nube,
que contempla el esperpento de ser y no tener...
Los lamentos son rocas en el fondo
y el canto del agua, rompiendo en corazones,
me versa las sienes y me da mil razones
para bajar a la playa del desconcierto,
dejar a la fuerza del mar en el beso
que besa tus talones y al aliento
de los corales arrancados, darles caricias
de vida, con la bocanada de un pez
que fue su amante y hoy es cadáver,
en el fondo de los mares de una duda.
Ya se cuelgan sus medallas los tiburones de la vida,
rugen en compases unas corchetas sangrantes y roncas,
de las gargantas de los dragones, que anidan,
en el centro del acantilado, nidos de huesos,
cubiertos de hojas de poesías quemadas,
se desborda la sangre por entre fémures y mojan
el vertical que se funde en una bruma espesa
que oculta el color de tus pupilas.
Y cruza un albatros el espacio de mi deseo,
carente de rumbo mira al frente,
absorto se quiere colar por el ojo del huracán
de tu ombligo, la tormenta le golpea las alas,
mas guarda el sentimiento de amarte,
entre parajes que salen de las ermitas,
del finito de un infierno, que guarda dentro,
las imágenes de vírgenes seducidas,
por el aliento del diablo que les robó el secreto
que guardaban entre el celo de sus piernas y el velo
de sus labios, que desearon con los ojos cerrados
y se mojaron del clímax del carmín de su sexo.
Presa es el cazador cazado, que no usó redes para pescar,
quiso acorralar con el filo de sus dedos a una inmensidad,
que le sobrepasaba más allá de la longitud de su mano,
y con barca de madera vieja, naufrago en una isla sin tierra,
ahora es el vaivén del capricho de un futuro,
que no le deja ni en un norte ni en un sur...
mas allá a lo lejos donde el mar azul,
pierde el primer color naranja de un amanecer reflejado,
alza por ultima vez su mano y te señala a ti,
que si tiene que morir, no morirá en vano,
porque ya es parte del liquido que recorre,
una gota de sudor que anda tu cuerpo,
cuando ardes en deseo, sin saber, quién lo provoca.
Se alzan los acantilados del abismo,
donde la espuma del mar muerde la boca,
arranca existencias inertes, a dentelladas
húmedas de muerte, donde la poesía
cuelga desnuda del hilo de una letra.
Mece el viento el pelo de una nube,
que contempla el esperpento de ser y no tener...
Los lamentos son rocas en el fondo
y el canto del agua, rompiendo en corazones,
me versa las sienes y me da mil razones
para bajar a la playa del desconcierto,
dejar a la fuerza del mar en el beso
que besa tus talones y al aliento
de los corales arrancados, darles caricias
de vida, con la bocanada de un pez
que fue su amante y hoy es cadáver,
en el fondo de los mares de una duda.
Ya se cuelgan sus medallas los tiburones de la vida,
rugen en compases unas corchetas sangrantes y roncas,
de las gargantas de los dragones, que anidan,
en el centro del acantilado, nidos de huesos,
cubiertos de hojas de poesías quemadas,
se desborda la sangre por entre fémures y mojan
el vertical que se funde en una bruma espesa
que oculta el color de tus pupilas.
Y cruza un albatros el espacio de mi deseo,
carente de rumbo mira al frente,
absorto se quiere colar por el ojo del huracán
de tu ombligo, la tormenta le golpea las alas,
mas guarda el sentimiento de amarte,
entre parajes que salen de las ermitas,
del finito de un infierno, que guarda dentro,
las imágenes de vírgenes seducidas,
por el aliento del diablo que les robó el secreto
que guardaban entre el celo de sus piernas y el velo
de sus labios, que desearon con los ojos cerrados
y se mojaron del clímax del carmín de su sexo.
Presa es el cazador cazado, que no usó redes para pescar,
quiso acorralar con el filo de sus dedos a una inmensidad,
que le sobrepasaba más allá de la longitud de su mano,
y con barca de madera vieja, naufrago en una isla sin tierra,
ahora es el vaivén del capricho de un futuro,
que no le deja ni en un norte ni en un sur...
mas allá a lo lejos donde el mar azul,
pierde el primer color naranja de un amanecer reflejado,
alza por ultima vez su mano y te señala a ti,
que si tiene que morir, no morirá en vano,
porque ya es parte del liquido que recorre,
una gota de sudor que anda tu cuerpo,
cuando ardes en deseo, sin saber, quién lo provoca.