Mi niña,
cierra los ojos y deja a tu mente,
escuchando la oscuridad absoluta.
Poco a poco vas percibiendo,
la tenue melodía de un solitario violín,
que hace que se te erice
hasta el último vello del alma.
Imagina que abres los ojos
y aparecen ante ti verdes campos,
cubiertos de flores color esmeralda.
Imagina que las rosas crecen,
allí por donde nuestros pies pasan.
En las colinas los almendros danzan,
al ritmo que de fondo el violín marca.
Dime, te gusta?
Vuelve a la oscuridad absoluta.
Esta vez para escuchar durante unos instantes,
el romper de las olas del mar.
Abres los ojos y te encuentras en una playa,
en la que las estrellas cantan canciones de cuna.
Mi mano se coge de la tuya,
mientras nos mece a su antojo
la brisa marina.
Dime, te gusta?
Alzas la cabeza y allí la ves.
La Luna suspendida en el firmamento.
Mírala fijamente, la armonía de su blanca belleza.
Sin apenas apreciarlo,
nuestros pies se elevan del suelo,
mientras volando nos acercamos a una Luna,
que cada vez se va haciendo más grande.
Volamos, y volamos...
Siempre cogidos de la mano.
Cuando ya quieres darte cuenta,
la madre tierra no es más que una pequeña esfera azul,
que sola, flota en medio del cosmos.
Dime, te gusta lo que ves?
Silencio...
No digas nada.
Las palabras carecen de sentido,
ante la inmensidad del Universo.
(A Cristina Jaén Nieto)
cierra los ojos y deja a tu mente,
escuchando la oscuridad absoluta.
Poco a poco vas percibiendo,
la tenue melodía de un solitario violín,
que hace que se te erice
hasta el último vello del alma.
Imagina que abres los ojos
y aparecen ante ti verdes campos,
cubiertos de flores color esmeralda.
Imagina que las rosas crecen,
allí por donde nuestros pies pasan.
En las colinas los almendros danzan,
al ritmo que de fondo el violín marca.
Dime, te gusta?
Vuelve a la oscuridad absoluta.
Esta vez para escuchar durante unos instantes,
el romper de las olas del mar.
Abres los ojos y te encuentras en una playa,
en la que las estrellas cantan canciones de cuna.
Mi mano se coge de la tuya,
mientras nos mece a su antojo
la brisa marina.
Dime, te gusta?
Alzas la cabeza y allí la ves.
La Luna suspendida en el firmamento.
Mírala fijamente, la armonía de su blanca belleza.
Sin apenas apreciarlo,
nuestros pies se elevan del suelo,
mientras volando nos acercamos a una Luna,
que cada vez se va haciendo más grande.
Volamos, y volamos...
Siempre cogidos de la mano.
Cuando ya quieres darte cuenta,
la madre tierra no es más que una pequeña esfera azul,
que sola, flota en medio del cosmos.
Dime, te gusta lo que ves?
Silencio...
No digas nada.
Las palabras carecen de sentido,
ante la inmensidad del Universo.
(A Cristina Jaén Nieto)