¡Oh calleja!, lívida es tu intemperie
aun por donde perfuman los azahares.
Lleno está el recuerdo, la huella del regazo, el desdibujado trecho.
Pero falta tu cuerpo, y el nosotros despeña.
Me obligo a mirar atrás:
pero me falta tu cuerpo.
Ausenta eso hecho de mí, que dentro de mí transparenta.
(el imaginario mece al duelo)
La palabra encerrada quedará entre nosotros,
será una bandada partida,
con memoria vestida de negro
Confío en que como corolas de Dios
tus labios de miel me esperen.
Andemos nuestros con esta creencia a cuestas.