Jon
Bloguero
Cómo no emocionarme
Después de la primera que te vi
sentí admiración por tus ojos marroquí.
Aquella mirada que me hizo emocionar
me da alas, alzándome hasta su espacio sideral.
Me sorprende su risa por ser lo que nadie avisa,
imborrable es su sonrisa que el tiempo paraliza.
Bajos los ojos está
como si el peso del arma más hermosa,
hiciera inclinar a más allá.
Puesto los ojos en este trío irresistible,
enreda el muro de la vida,
donando la inmediata quietud
de la altura de este regalo inmarcesible.
Astuta,
sin palabras tomadas de una a una,
cautiva por la mente que no es imaginada.
Sabe cómo arraigarse a la memoria clara y viva,
impresiona y viene una sacudida.
Acelera entre su mirada,
su pelo, su sonrisa, su voz.
No se pierde y cada pensamiento se vuelve tenaz.
Se concentra como en ajedrez,
en ver y calcular
y cuando quieres decir algo
no puedes sin pensar
¿Sabrá que es un encanto?
Me sorprendes porque eres
una mujer sin equivalentes,
y tal como eres
es un encanto.
Me tienes atónito
con esa mirada
que me ha hecho atesorar
este regalo de Dios.
¡Cómo hacerle comprender todo el encanto que por dentro y por fuera, es!
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