Jack Sparrow
Poeta reconocido
Azulaurora y Jack Sparrow
Improvisación del silencio
Hoy tengo la mirada chueca,
una pestaña suelta temblorosamente asida al parpado,
un guiño testarudo que me vuelve tuerto
y un inmenso dolor de ojo que me cruza cuando te veo.
Cuando veo tu corazón plomizo jactándose de mi querer
y mi reflejo volviéndose viento, agua, sal, marea desierta a ciegas de tu luz…
Hoy destiñe el sol,
hoy sus rayos desgarran la química de tu cuerpo,
que vuelta araña coja deambula por el yerto camino largo y negro, negro como tus besos,
negro como tu deseo ,
negro como tu saliva de látigo venenoso incrustado en mis venas…
Son desengaños universales como lluvias de estrellas suicidas, planeadoras mortales que gravitan en los núcleos,
en los meollos,
en el corazón.
¡El silencio! ¡la nada!…
Otro silencio que se clava como estaca celebrando su victoria
sobre mi endeble tictac en catatónico suspiro silente.
Sin colores, sin sonidos,
solo las letras marchan coreográficas tras de las penas,
con lengua fuera las siguen, tan lejos, tan de brazos caídos… con flojas piernas, ya sin pasos, sin bocas, sin labios...
sin hoy, sin mañana, sin futuro verde y celeste, sin voz.
Hoy temprano miraba doliente el color opaco preso en tus huesos
y pegaba la oreja al viento para escuchar el último suspiro del silencio,
pero quedé ciego y sordo ,
y en cada expiración un vaho de letras se me perdía en tu cielo.
Improvisación del silencio
Hoy tengo la mirada chueca,
una pestaña suelta temblorosamente asida al parpado,
un guiño testarudo que me vuelve tuerto
y un inmenso dolor de ojo que me cruza cuando te veo.
Cuando veo tu corazón plomizo jactándose de mi querer
y mi reflejo volviéndose viento, agua, sal, marea desierta a ciegas de tu luz…
Hoy destiñe el sol,
hoy sus rayos desgarran la química de tu cuerpo,
que vuelta araña coja deambula por el yerto camino largo y negro, negro como tus besos,
negro como tu deseo ,
negro como tu saliva de látigo venenoso incrustado en mis venas…
Son desengaños universales como lluvias de estrellas suicidas, planeadoras mortales que gravitan en los núcleos,
en los meollos,
en el corazón.
¡El silencio! ¡la nada!…
Otro silencio que se clava como estaca celebrando su victoria
sobre mi endeble tictac en catatónico suspiro silente.
Sin colores, sin sonidos,
solo las letras marchan coreográficas tras de las penas,
con lengua fuera las siguen, tan lejos, tan de brazos caídos… con flojas piernas, ya sin pasos, sin bocas, sin labios...
sin hoy, sin mañana, sin futuro verde y celeste, sin voz.
Hoy temprano miraba doliente el color opaco preso en tus huesos
y pegaba la oreja al viento para escuchar el último suspiro del silencio,
pero quedé ciego y sordo ,
y en cada expiración un vaho de letras se me perdía en tu cielo.
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