Improvisación.
Un verso para el dolor,
Otro para la esperanza,
Otro para el día gris
Que hoy sin tregua me acompaña.
Somos libres por fin,
Tras una sentencia macabra,
Que el artista confesó en mis oídos
Abiertos de par en par.
En su sonrisa de loco
Quiso y quiere matar a Dios.
Y con ello la desgracia de una mente,
La mía,
Que se empapa de tristeza o alegría
Según a ella le venga en gana.
Y entonces se lo dije.
Le hablé de mi mente enferma,
De mi pasado,
De mi presente
Y de un futuro que no puedo divisar.
Como ella sabe,
Su felicidad es la mía,
Y eso jamás cambiará.
Mas toda la vida mía se empequeñece
En este rato fugaz,
Al escribir estos versos
Que ahora sin Dueña,
Sin Musa,
Están.
Creyendo que no existía el tiempo ni la verdad,
Mi ilusión crecía fuerte en un mar de dudas,
El mar de los besos
Que la distancia no perdonaba jamás.
La pluma que cogí al vuelo,
Sus fotos,
Sus palabras como olas.
Sin más.
Ahora,
Cada segundo que pasa es un segundo más,
Cuando antes los segundos en el reloj
No se atrevían a avanzar,
Pues la electricidad de nuestros cuerpos y nuestras almas
No tenía parangón en esta pequeña ciudad,
Que compartía yo con gusto
Con flashes de eternidad.
Lo único a lo que me aferro
Es a lo único que me puedo aferrar.
Este poema sin Dueña,
Ni poeta,
Que sintiendo gran tristeza
Acaba con la peor de las palabras
Que puedo concebir ya.
Este triste poeta se despide.
Y al cabo dejo de improvisar.
Ha llegado el final.
Psycho
Un verso para el dolor,
Otro para la esperanza,
Otro para el día gris
Que hoy sin tregua me acompaña.
Somos libres por fin,
Tras una sentencia macabra,
Que el artista confesó en mis oídos
Abiertos de par en par.
En su sonrisa de loco
Quiso y quiere matar a Dios.
Y con ello la desgracia de una mente,
La mía,
Que se empapa de tristeza o alegría
Según a ella le venga en gana.
Y entonces se lo dije.
Le hablé de mi mente enferma,
De mi pasado,
De mi presente
Y de un futuro que no puedo divisar.
Como ella sabe,
Su felicidad es la mía,
Y eso jamás cambiará.
Mas toda la vida mía se empequeñece
En este rato fugaz,
Al escribir estos versos
Que ahora sin Dueña,
Sin Musa,
Están.
Creyendo que no existía el tiempo ni la verdad,
Mi ilusión crecía fuerte en un mar de dudas,
El mar de los besos
Que la distancia no perdonaba jamás.
La pluma que cogí al vuelo,
Sus fotos,
Sus palabras como olas.
Sin más.
Ahora,
Cada segundo que pasa es un segundo más,
Cuando antes los segundos en el reloj
No se atrevían a avanzar,
Pues la electricidad de nuestros cuerpos y nuestras almas
No tenía parangón en esta pequeña ciudad,
Que compartía yo con gusto
Con flashes de eternidad.
Lo único a lo que me aferro
Es a lo único que me puedo aferrar.
Este poema sin Dueña,
Ni poeta,
Que sintiendo gran tristeza
Acaba con la peor de las palabras
Que puedo concebir ya.
Este triste poeta se despide.
Y al cabo dejo de improvisar.
Ha llegado el final.
Psycho