Aprendí los secretos del amor
tocando su cuerpo desnudo,
su espalda que forma otra Vía Láctea,
con el vino de una guitarra
y la parra de los besos.
Mis dedos resbalaban en su pelo negro
escanciando plata.
Y todas las estrellas del cielo
meciéndose como un abanico
en los rincones su alma.
Dentro de ella, por su carne,
acaso cristal definitivo,
esa lidia de gallos en mi sangre
y una balada entre sus senos.
Mi garganta lleva arañazos
hechos por su mirada,
tristezas que flotan en la monotonía
de la mesa y las pasiones;
oyendo su amargura clamar a campanadas,
tantos acentos y noches en el aire.
Si acaso fuera mi corazón oprimido
y su niña recién enamorada,
dos eclipses en serenata,
dos distancias de amor,
dos cejas arqueadas de nostalgia.
El gran velo de mi tumba y mi pecho reseco,
van a dar la invocación de un hombre preñado
de cuentos y flores y piedras.
Y de una mujer que canta
como un montón de hormigas y etcéteras.
Todo habla de ella:
el misterio de la luz que muere entre las cortinas,
el lenguaje del viento que se posa
bocarriba en mis oídos,
las inútiles letras que caen de los ojos de un poeta,
el dulce hedor de los jarabes del atardecer.
tocando su cuerpo desnudo,
su espalda que forma otra Vía Láctea,
con el vino de una guitarra
y la parra de los besos.
Mis dedos resbalaban en su pelo negro
escanciando plata.
Y todas las estrellas del cielo
meciéndose como un abanico
en los rincones su alma.
Dentro de ella, por su carne,
acaso cristal definitivo,
esa lidia de gallos en mi sangre
y una balada entre sus senos.
Mi garganta lleva arañazos
hechos por su mirada,
tristezas que flotan en la monotonía
de la mesa y las pasiones;
oyendo su amargura clamar a campanadas,
tantos acentos y noches en el aire.
Si acaso fuera mi corazón oprimido
y su niña recién enamorada,
dos eclipses en serenata,
dos distancias de amor,
dos cejas arqueadas de nostalgia.
El gran velo de mi tumba y mi pecho reseco,
van a dar la invocación de un hombre preñado
de cuentos y flores y piedras.
Y de una mujer que canta
como un montón de hormigas y etcéteras.
Todo habla de ella:
el misterio de la luz que muere entre las cortinas,
el lenguaje del viento que se posa
bocarriba en mis oídos,
las inútiles letras que caen de los ojos de un poeta,
el dulce hedor de los jarabes del atardecer.