Incienso, y otros secretos.

cayendo como las hojas

Poeta recién llegado
Una vuelta más, anudada una contra la otra y la siguiente, bien prietas, conformando el carrete, donde descasaba la descascarillada soga; sentí mi cuerpo algo entumecido, los pie descalzos, las manos abrasadas, entre mordidas de esparto, en los cabos fríos y húmedos, arriada las vela, viento raudo a la cuadra, con escora a estribor; un sol, como pesado, alarga el viento rumbo al horizonte; siento en mi piel el sudor de la madera que chorrea incesante, el agua, ansiosa, lucha por arrebatarnos el barco, las velas se imponen, en favor del compás guiado por la rosa de los vientos...

Todo pasa y se agita, tempestad y violencia, a veces me recuerdan a la vida, a veces un amigo te tiende la mano, con una sonrisa, no ves en él más que compromiso y entrega, puedes sentirlo y tocar su piel, dulce, serena, tranquila, radiante y tú no comprendes del todo su calma, en su mundo, todo es violencia, tensión, sangre, odio y riqueza, cuando el mudo lo deja ausente, y tu junto al él, todo se relaja entre vosotros.

Pero despertáis, y los números os acosan, en un mundo de pesadillas, los números saltan sobre vosotros y os insulta, y al despertar, todo el mundo arde por la cólera, la cólera pide justicia, y los patrones, en onda obligación, se muestran en circunstancias atenuantes, para hacer al pueblo un brindis en su honor, y por la gracias que les ha sido otorgada, aliviarán las carga que ellos soporta, y se afligen al llevaros, a vosotros, a cuestas, como una cargar muerta...
 

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