Indecente

Robsalz

Poeta que considera el portal su segunda casa
Como fruta seca mi lengua sin poder besarte
anclada en una playa sin arena y sin mar,
las gotas de saliva no responden y yo empiezo a pensarte
en medio de mi tristeza, sin podernos cruzar.

Oí sin querer que los sabios no saben de amor
y que se sueña mejor cuando estás despierto,
deja que mis dedos conozcan el dulce lugar
donde se cocinan los postres de mis deseos.

Relatas a mi oído cuentos de tanta pasión
que nos clausuran los santos por indecencia,
y se abren las puertas de mi habitación
esperando que caigan tus ropas en ella.

Volví de repente y miré al pasar
que mi aliento en tu boca se atrevía a vivir,
desnuda te ves como un dulce manjar,
que me ignoren los santos y te acerques a mí.

Devora mi piel, arranca los tatuajes que no hablen de ti,
destruye el yo de antes de tenerte,
que me bendiga la lengua que tienes allí
que me censuren los santos y mi piel llegue a conocerte.

En mi hombro izquierdo cargo un demonio
que ama las lunas que dan vueltas en ti,
y en el derecho un pobre ángel
al que he pervertido imaginándote aquí.

Relatas cuentos que no conocen de recato
y me llaman indecente porque sólo nombro tu nombre,
escribí una historia que como primer acto
describe las cosas que provocas en un hombre.
 

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