La tarde era un cuchillo, que cortaba de olvido,
Sus ojos una sombra, que moría en mi espalda.
El sol, era ya apenas, una leve guirnalda,
buscando el horizonte, como un cometa herido.
Sus ojos una sombra, que moría en mi espalda.
El sol, era ya apenas, una leve guirnalda,
buscando el horizonte, como un cometa herido.
Una huída de pájaros, un éxodo de trino,
un incendio de rosas, de sueños apagados.
Eso era la tarde, dos mundos separados,
la miré y no me miró...y me enfrenté al camino.
un incendio de rosas, de sueños apagados.
Eso era la tarde, dos mundos separados,
la miré y no me miró...y me enfrenté al camino.
Marino Fabianesi