Nommo
Poeta veterano en el portal
Íbamos sorteando obstáculos, en carrera, pero verdaderamente, eran olas del Mar bravío,
que nos salían al encuentro, mientras nos impulsábamos.
El deslizamiento increíble bajo los esquíes, y la maroma que daba pie a un triángulo,
en su extremo, al que nos sujetábamos ardientemente, con ambas manos, todo ello era sublime.
No era un estado alterado de conciencia, sino deporte hecho y derecho, ajeno a las drogas.
La embarcación náutica que tira de nosotros es formidable y austera,
y no obedece a la ley de la Entropía, pues no parece envejecer, ni empeorar o desmoronarse.
Cada Momento es muy extenso, y eso lo comprendíamos, en ese frenesí tirante;
en ese tira y afloja del jefe de tribu, o chamán que conduce de popa a proa, su barco.
Luego, en la playa, descansaríamos, con un polo sólido de menta o de naranja.
Nos besaríamos, de no ser por la presencia de los perros sueltos,
que perseguían a las gaviotas, para cazarlas.
Entonces, mientras pedaleábamos con nuestras bicicletas de montaña, río arriba,
sí llegamos a sonreír y guiñarnos el ojo. Pues somos cómplices de terapias legítimas.
Como las tortas de aceite, legítimas y acreditadas de Inés Rosales.
Nos hemos desvestido, ya, en la tienda de campaña, y abrimos sendos sacos de dormir,
para tumbarnos sobre el esterillo, y disfrutar de las estrellas nocturnas, tan fabulosas.
Se oye al búho y a otros pajarillos que se preparan para dormir, en sus nidos,
construidos con ramajes, y hojarasca.
Ahora, sí, te poseo y eres mi lienzo, donde pinto mi cuadro abstracto.
que nos salían al encuentro, mientras nos impulsábamos.
El deslizamiento increíble bajo los esquíes, y la maroma que daba pie a un triángulo,
en su extremo, al que nos sujetábamos ardientemente, con ambas manos, todo ello era sublime.
No era un estado alterado de conciencia, sino deporte hecho y derecho, ajeno a las drogas.
La embarcación náutica que tira de nosotros es formidable y austera,
y no obedece a la ley de la Entropía, pues no parece envejecer, ni empeorar o desmoronarse.
Cada Momento es muy extenso, y eso lo comprendíamos, en ese frenesí tirante;
en ese tira y afloja del jefe de tribu, o chamán que conduce de popa a proa, su barco.
Luego, en la playa, descansaríamos, con un polo sólido de menta o de naranja.
Nos besaríamos, de no ser por la presencia de los perros sueltos,
que perseguían a las gaviotas, para cazarlas.
Entonces, mientras pedaleábamos con nuestras bicicletas de montaña, río arriba,
sí llegamos a sonreír y guiñarnos el ojo. Pues somos cómplices de terapias legítimas.
Como las tortas de aceite, legítimas y acreditadas de Inés Rosales.
Nos hemos desvestido, ya, en la tienda de campaña, y abrimos sendos sacos de dormir,
para tumbarnos sobre el esterillo, y disfrutar de las estrellas nocturnas, tan fabulosas.
Se oye al búho y a otros pajarillos que se preparan para dormir, en sus nidos,
construidos con ramajes, y hojarasca.
Ahora, sí, te poseo y eres mi lienzo, donde pinto mi cuadro abstracto.
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