INMARCESIBLE
Si las últimas garuas modularan
el trecho de tus labios,
-armónicamente, en un requiebro de la tarde-
mordería el cielo
con el recuerdo de tu nombre,
y las calles mudarían su silencio
y las nubes callarían
encendiendo hojarascas
en la punta de tus labios.
Si las últimas yemas del silencio
volcaran su música en tu pelo,
-a pleno júbilo, en panales febriles-
soberana, inmarcesible te tallaría
en hierbas andinas
con limos perlados de ansias
donde el eco afina su garganta
para llamarte desde el olvido.
Eban