Funámbula Peperina
Poeta recién llegado
Cuántos pasos trémulos, venas abiertas,
saliva como ascuas, gritos desperdigados en las calles,
espasmos sin tregua, silencios quirománticos
tiempo estrangulando mi tráquea para llegar a ti.
El deseo, (con su anatomía montruosa),
arrastró a su pantano mi mundo de conjugaciones y magnitudes;
hizo de mi cuerpo una sola llaga violeta
supurante
viva.
Me tomó de la mano y me reveló su secreto:
La carne dejará de ser carne
cuando tú la nombres con tu hálito.
Cuando el temblor de tu voz florezca
como anémona entre los resquicios de la piel.
Entendí entonces que esta herida que habitas es un surco,
Tierra fértil,
es camino de siembra
donde crecerá del sudor y de la incertidumbre la semilla de nuestra fe.
saliva como ascuas, gritos desperdigados en las calles,
espasmos sin tregua, silencios quirománticos
tiempo estrangulando mi tráquea para llegar a ti.
El deseo, (con su anatomía montruosa),
arrastró a su pantano mi mundo de conjugaciones y magnitudes;
hizo de mi cuerpo una sola llaga violeta
supurante
viva.
Me tomó de la mano y me reveló su secreto:
La carne dejará de ser carne
cuando tú la nombres con tu hálito.
Cuando el temblor de tu voz florezca
como anémona entre los resquicios de la piel.
Entendí entonces que esta herida que habitas es un surco,
Tierra fértil,
es camino de siembra
donde crecerá del sudor y de la incertidumbre la semilla de nuestra fe.
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