Y tras ese festival de rompeolas y leopardos…
y las guitarras que gimen por los hoteles y los ferrocarriles...
y los colores por la superficie de la gasolina,
que acaban en esos racimos de letras…
y por este deber creer, y estas mariposas que sugestionan,
y estos veleros que recogen vientos de amor…
porque estos pasos son capaces, para comenzar de nuevo la inocencia,
y sobre esas añoranzas de la piel,
sobre la caña de pescar y sobre la araña colgante.