Inquietud-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Oh, tú que huyes de los inviernos hostiles

fósiles impenetrables que fustigan la rabia

de los ambientes degradados, de los dominios

ausentes que tergiversan una multitud de demonios

desprotegidos, inermes, tú que laceras la inquietud,

los vínculos insaciables, los dioses que te persiguen

con demora de ángel y demora de crucifijo, con autismo

celeste, con cansancio de orden y causa.

Así, te invisten fuerzas poderosas, amor concluido,

saña de los labios fugitivos, perdidos en el horizonte

de manos del cordero universalmente sacrificado.

Oh, tú, inmensa prole de vegetales consecuencias,

dónde duermen los raíles oxidados de mi infancia detenida,

como en cuerpo yacen los miembros hostilizados, las penumbras

diametrales, que apaciguan un cordero en su estación de adobe

adormecido. Oh, fútil de armas, de contrarias incongruencias,

de metálicos sonidos, de anónimos depósitos que acrecientan

buitres de párpados sonrosados y bucólicos. Así

asomas, fuente preternatural, caída a los abismos,

infierno deteriorado por la sangre unigénita, por los celestes

bordes de una marea intransigente: así caes

de tu depauperado miedo, de tu incesante falacia,

de tu imperio que mora por las nubes y en las nubes.

Cómo no asediarte con tormentos y nebulosas de ambas manos!

Tú, rocío sepulcral, vientre domado, sangre acérrima,

acacia sostenida por impulsos vitales desentrañados.

Oh, cómo no saciarme de ti, hasta destruir

mi añorado y fútil idioma y dicterio!

Pero aún restan miembros, corporeidades, presencias

analfabetas, carismas a destruir.



©
 
"Donde duermen los railes oxidados de mi infancia perdida" ... dice una frase de tu verso. Me parece una narrativa verso libre fenomenal. Buen vocabulario en retorica de metáforas originales. Grato leerlas amigo Ben ...
 
Oh, tú que huyes de los inviernos hostiles

fósiles impenetrables que fustigan la rabia

de los ambientes degradados, de los dominios

ausentes que tergiversan una multitud de demonios

desprotegidos, inermes, tú que laceras la inquietud,

los vínculos insaciables, los dioses que te persiguen

con demora de ángel y demora de crucifijo, con autismo

celeste, con cansancio de orden y causa.

Así, te invisten fuerzas poderosas, amor concluido,

saña de los labios fugitivos, perdidos en el horizonte

de manos del cordero universalmente sacrificado.

Oh, tú, inmensa prole de vegetales consecuencias,

dónde duermen los raíles oxidados de mi infancia detenida,

como en cuerpo yacen los miembros hostilizados, las penumbras

diametrales, que apaciguan un cordero en su estación de adobe

adormecido. Oh, fútil de armas, de contrarias incongruencias,

de metálicos sonidos, de anónimos depósitos que acrecientan

buitres de párpados sonrosados y bucólicos. Así

asomas, fuente preternatural, caída a los abismos,

infierno deteriorado por la sangre unigénita, por los celestes

bordes de una marea intransigente: así caes

de tu depauperado miedo, de tu incesante falacia,

de tu imperio que mora por las nubes y en las nubes.

Cómo no asediarte con tormentos y nebulosas de ambas manos!

Tú, rocío sepulcral, vientre domado, sangre acérrima,

acacia sostenida por impulsos vitales desentrañados.

Oh, cómo no saciarme de ti, hasta destruir

mi añorado y fútil idioma y dicterio!

Pero aún restan miembros, corporeidades, presencias

analfabetas, carismas a destruir.



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Si que crea cierta inquietud tu bello poema amigo Ben, a mí me ha gustado por la fluidez de sus versos y por su interesante contenido. Un abrazo. Paco.
 
Oh, tú que huyes de los inviernos hostiles

fósiles impenetrables que fustigan la rabia

de los ambientes degradados, de los dominios

ausentes que tergiversan una multitud de demonios

desprotegidos, inermes, tú que laceras la inquietud,

los vínculos insaciables, los dioses que te persiguen

con demora de ángel y demora de crucifijo, con autismo

celeste, con cansancio de orden y causa.

Así, te invisten fuerzas poderosas, amor concluido,

saña de los labios fugitivos, perdidos en el horizonte

de manos del cordero universalmente sacrificado.

Oh, tú, inmensa prole de vegetales consecuencias,

dónde duermen los raíles oxidados de mi infancia detenida,

como en cuerpo yacen los miembros hostilizados, las penumbras

diametrales, que apaciguan un cordero en su estación de adobe

adormecido. Oh, fútil de armas, de contrarias incongruencias,

de metálicos sonidos, de anónimos depósitos que acrecientan

buitres de párpados sonrosados y bucólicos. Así

asomas, fuente preternatural, caída a los abismos,

infierno deteriorado por la sangre unigénita, por los celestes

bordes de una marea intransigente: así caes

de tu depauperado miedo, de tu incesante falacia,

de tu imperio que mora por las nubes y en las nubes.

Cómo no asediarte con tormentos y nebulosas de ambas manos!

Tú, rocío sepulcral, vientre domado, sangre acérrima,

acacia sostenida por impulsos vitales desentrañados.

Oh, cómo no saciarme de ti, hasta destruir

mi añorado y fútil idioma y dicterio!

Pero aún restan miembros, corporeidades, presencias

analfabetas, carismas a destruir.



©
Todavia queda la absorcion final, esperar a ea destruccion y dejar
que los cristales rotos sean como un nudo de recuerdo. en el poema
se vierten arrepentimientos y a la vez manantiales de latidos premoni-
torios. excelente. saludos de luzyabsenta
 
G
Todavia queda la absorcion final, esperar a ea destruccion y dejar
que los cristales rotos sean como un nudo de recuerdo. en el poema
se vierten arrepentimientos y a la vez manantiales de latidos premoni-
torios. excelente. saludos de luzyabsenta


Muchas gracias Luz, un abrazo, un honor recibir tu halago y tu encomio!
 

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