Prudentes
los gemidos,
en la jaula de cristo
prendida fuego,
y el perro corrió primero
y ya había sol
en el templo,
y algo de viento
en la costanera muerta.
El humo apostólico
se veía de lejos,
y olía a carne de obispo
con aliento a alcohol.
los gemidos,
en la jaula de cristo
prendida fuego,
y el perro corrió primero
y ya había sol
en el templo,
y algo de viento
en la costanera muerta.
El humo apostólico
se veía de lejos,
y olía a carne de obispo
con aliento a alcohol.
Última edición por un moderador: