Sobre la almohada blanca derramas tus cabellos.
Vencedora sumisa.
Cavidad de mis huesos.
Tu frente me convoca y duerme al pensamiento.
Barca frágil y dócil,
abandonas tu cuerpo como cómplice nube
al ritual de mis besos.
A la orilla del alma tus párpados conspiran.
Azorados cristales agrandan tus pupilas,
y dos tiernos duraznos relamen tus mejillas.
Nuestras frases de siempre
en silencio nos miran.
Como media palabra,
medio sol, mediodía,
danzando como olas las gotas de tu risa,
entrecierras los labios y entreabres la niña
que me anochece suyo
y se amanece mía
Un averío infinito revolotea en tu pecho,
y suelta con sus alas
los hilos del deseo.
El valle de tu vientre se tensa como un arco,
y en descenso a tu cumbre
se disparan mis labios,
satélites de ti, fraguados por tu canto.
Con tu fecunda piel multiplicas mis manos,
y en tus pies diminutos
se arrodilla el cansancio.
Es cada vez igual, como la vez primera:
la sorpresa esperada,
la risa que no cesa;
el mar desamparado, la comprensiva tierra;
el agua desbocada, la generosa arena.
Es cada vez distinta la conjunción, la entrega.
Yo sé que tú lo sabes.
Me gusta que lo sepas:
cada noche de instinto me esparces
y me llenas.
Vencedora sumisa.
Cavidad de mis huesos.
Tu frente me convoca y duerme al pensamiento.
Barca frágil y dócil,
abandonas tu cuerpo como cómplice nube
al ritual de mis besos.
A la orilla del alma tus párpados conspiran.
Azorados cristales agrandan tus pupilas,
y dos tiernos duraznos relamen tus mejillas.
Nuestras frases de siempre
en silencio nos miran.
Como media palabra,
medio sol, mediodía,
danzando como olas las gotas de tu risa,
entrecierras los labios y entreabres la niña
que me anochece suyo
y se amanece mía
Un averío infinito revolotea en tu pecho,
y suelta con sus alas
los hilos del deseo.
El valle de tu vientre se tensa como un arco,
y en descenso a tu cumbre
se disparan mis labios,
satélites de ti, fraguados por tu canto.
Con tu fecunda piel multiplicas mis manos,
y en tus pies diminutos
se arrodilla el cansancio.
Es cada vez igual, como la vez primera:
la sorpresa esperada,
la risa que no cesa;
el mar desamparado, la comprensiva tierra;
el agua desbocada, la generosa arena.
Es cada vez distinta la conjunción, la entrega.
Yo sé que tú lo sabes.
Me gusta que lo sepas:
cada noche de instinto me esparces
y me llenas.