Instintos

jabbier

Poeta recién llegado
Sobre la almohada blanca derramas tus cabellos.
Vencedora sumisa.
Cavidad de mis huesos.
Tu frente me convoca y duerme al pensamiento.
Barca frágil y dócil,
abandonas tu cuerpo como cómplice nube
al ritual de mis besos.

A la orilla del alma tus párpados conspiran.
Azorados cristales agrandan tus pupilas,
y dos tiernos duraznos relamen tus mejillas.
Nuestras frases de siempre
en silencio nos miran.

Como media palabra,
medio sol, mediodía,
danzando como olas las gotas de tu risa,
entrecierras los labios y entreabres la niña
que me anochece suyo
y se amanece mía

Un averío infinito revolotea en tu pecho,
y suelta con sus alas
los hilos del deseo.

El valle de tu vientre se tensa como un arco,
y en descenso a tu cumbre
se disparan mis labios,
satélites de ti, fraguados por tu canto.
Con tu fecunda piel multiplicas mis manos,
y en tus pies diminutos
se arrodilla el cansancio.

Es cada vez igual, como la vez primera:
la sorpresa esperada,
la risa que no cesa;
el mar desamparado, la comprensiva tierra;
el agua desbocada, la generosa arena.
Es cada vez distinta la conjunción, la entrega.
Yo sé que tú lo sabes.
Me gusta que lo sepas:
cada noche de instinto me esparces
y me llenas.
 
ay muchacho! te leo,y es una sucesión de imágenes impecables y palabras a medida.Me es placentero leerte y sabes? parece que hablas el mismo idioma poético que yo. Aicila
 
Sobre la almohada blanca derramas tus cabellos.
Vencedora sumisa.
Cavidad de mis huesos.
Tu frente me convoca y duerme al pensamiento.
Barca frágil y dócil,
abandonas tu cuerpo como cómplice nube
al ritual de mis besos.

A la orilla del alma tus párpados conspiran.
Azorados cristales agrandan tus pupilas,
y dos tiernos duraznos relamen tus mejillas.

Nuestras frases de siempre
en silencio nos miran.

Como media palabra,
medio sol, mediodía,
danzando como olas las gotas de tu risa,
entrecierras los labios y entreabres la niña
que me anochece suyo
y se amanece mía


Un averío infinito revolotea en tu pecho,
y suelta con sus alas
los hilos del deseo.

El valle de tu vientre se tensa como un arco,
y en descenso a tu cumbre
se disparan mis labios,
satélites de ti, fraguados por tu canto.
Con tu fecunda piel multiplicas mis manos,
y en tus pies diminutos
se arrodilla el cansancio.


Es cada vez igual, como la vez primera:
la sorpresa esperada,
la risa que no cesa;
el mar desamparado, la comprensiva tierra;
el agua desbocada, la generosa arena.
Es cada vez distinta la conjunción, la entrega.
Yo sé que tú lo sabes.
Me gusta que lo sepas:
cada noche de instinto me esparces
y me llenas.

Para quitarse el sombrero, jabbier. Para mí tu nick es ya sinónimo de calidad poética. Qué decir de tu extraordinario poema... Tan sólo que contiene unas metáforas brillantes (las que más me han gustado las he subrayado) y que todo el poema tiene una rima y una musicalidad perfecta.
Mis estrellas y mi más sincera enhorabuena por este magnífico ejercicio poético.
 

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