Interior habitado
En tu interior habita un ser extraño,
que se sincera a sí mismo confesando sus diabluras,
ni a santidades, ni a Cristos te le acercas.
Ni beatos, ni feligreses te querrían,
pues son tantos arrebatos que liberas,
que ni el mismo Lucifer te admitiría.
La intensidad, el llanto, la furia, el fuego,
la danza, el compás, la armonía, lo sosegado,
todo se mezcla en ti de tal manera,
que en tu interior quisiera habitar, siempre a tu lado.
En tu interior habita un ser extraño,
que se sincera a sí mismo confesando sus diabluras,
ni a santidades, ni a Cristos te le acercas.
Ni beatos, ni feligreses te querrían,
pues son tantos arrebatos que liberas,
que ni el mismo Lucifer te admitiría.
La intensidad, el llanto, la furia, el fuego,
la danza, el compás, la armonía, lo sosegado,
todo se mezcla en ti de tal manera,
que en tu interior quisiera habitar, siempre a tu lado.