Quince años tenía la niña
cuando a la escuela llegó el joven maestro:
mutuamente recuerdan la imagen
de cada uno en aquella tarde serena.
De ella: los cabellos dorados al viento
con el cristal del agua del grifo jugando;
un maizal de cosecha rodea su casita de adobe
y macetas floridas adornan el patio de tierra.
De él: acompañado viene de sus padres
llevando al hombro su ligero equipaje:
el sol vespertino y unas pocas gotas de lluvia
en el sendero de arena al recibirlo saludan:
cordial la escuelita les espera a su puerta.
Cuadro inolvidable, instante de íntima impresión;
cuarenta años después, transcurridos son nada:
dos miradas se funden, dos manos se estrechan.
Nada han sido la distancia ni el tiempo
para el amor verdadero que sueña,
cuando a la escuela llegó el joven maestro:
mutuamente recuerdan la imagen
de cada uno en aquella tarde serena.
De ella: los cabellos dorados al viento
con el cristal del agua del grifo jugando;
un maizal de cosecha rodea su casita de adobe
y macetas floridas adornan el patio de tierra.
De él: acompañado viene de sus padres
llevando al hombro su ligero equipaje:
el sol vespertino y unas pocas gotas de lluvia
en el sendero de arena al recibirlo saludan:
cordial la escuelita les espera a su puerta.
Cuadro inolvidable, instante de íntima impresión;
cuarenta años después, transcurridos son nada:
dos miradas se funden, dos manos se estrechan.
Nada han sido la distancia ni el tiempo
para el amor verdadero que sueña,