Francisco León Román
Poeta recién llegado
Y nos hallábamos en un imperfecto estado, yo a tu lado, suspirabas.
Me di cuenta por primera vez que un ser tan potente,
en su inconsciente podía cerrar sus ojos y lucir de tal forma
que lo irreverente era el común de los mortales.
Tomaste mi mano, te arropaste en ella y fue
la noche más bella de mis incontables años.
Dormimos únicamente, como aquella pareja de niños enamorados
en la que un beso en la frente suscita un cambio tan diferente
como el haber amado.
Temblabas no se si por frío, pero te digo amor mío
que yo temblaba también,
la tierna caricia que de forma intransigente entraña el más dulce sentimiento
hace de un Parkinson un temblor convertido en nada.
Fue la primera noche que dormí con una mujer y aunque jamás toqué,
me veía trastornado por mi mente.
De repente solo me di cuenta que con verte dormir mi vida habría cobrado
un sentido distinto y sólo esperaba aquel momento en el que abrieses los ojos y
digas yo también lo he soñado.
Me di cuenta por primera vez que un ser tan potente,
en su inconsciente podía cerrar sus ojos y lucir de tal forma
que lo irreverente era el común de los mortales.
Tomaste mi mano, te arropaste en ella y fue
la noche más bella de mis incontables años.
Dormimos únicamente, como aquella pareja de niños enamorados
en la que un beso en la frente suscita un cambio tan diferente
como el haber amado.
Temblabas no se si por frío, pero te digo amor mío
que yo temblaba también,
la tierna caricia que de forma intransigente entraña el más dulce sentimiento
hace de un Parkinson un temblor convertido en nada.
Fue la primera noche que dormí con una mujer y aunque jamás toqué,
me veía trastornado por mi mente.
De repente solo me di cuenta que con verte dormir mi vida habría cobrado
un sentido distinto y sólo esperaba aquel momento en el que abrieses los ojos y
digas yo también lo he soñado.