Jose Dominguez
Poeta asiduo al portal
¡No la podía ver!
era la sentencia impuesta
relegada a la implacable sequedad:
La venda.
Sin destino, a ciegas
por bastón la intuición
se adentro en el laberinto:
Paso a paso purgaría la sanción
hasta su total cumplimiento.
¡De pronto!
… Llena de humedad
la imagen se asestó en su retina
trasuntando el cristal
deformado por los años.
¡Aún así, el esplendor era visible!
Digno de valor,
a la sazón la conmoción
ahogó su corazón
en un desgarro de clarines.
¡Era cuanto quería ver
desde advenida la sentencia!
¿Cómo él iba a saber
que su sentir era certero:
Redimiría su pesar
en una soleada tarde de enero?
… No hubo más que un abrazo:
Apacible inmensidad,
pleno de fértil humedad
y de un Adiós sincero...
JDz.
era la sentencia impuesta
relegada a la implacable sequedad:
La venda.
Sin destino, a ciegas
por bastón la intuición
se adentro en el laberinto:
Paso a paso purgaría la sanción
hasta su total cumplimiento.
¡De pronto!
… Llena de humedad
la imagen se asestó en su retina
trasuntando el cristal
deformado por los años.
¡Aún así, el esplendor era visible!
Digno de valor,
a la sazón la conmoción
ahogó su corazón
en un desgarro de clarines.
¡Era cuanto quería ver
desde advenida la sentencia!
¿Cómo él iba a saber
que su sentir era certero:
Redimiría su pesar
en una soleada tarde de enero?
… No hubo más que un abrazo:
Apacible inmensidad,
pleno de fértil humedad
y de un Adiós sincero...
JDz.