BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Desnudo, con un pie
en el mármol del frío viento,
rozan la marea las manos
que alcanzaron un paraíso,
tiemblan las miradas en un mar
despejado, con la suave cadencia
de miembros paralizados. Ir contigo
a través del paseo marítimo, de la mano,
cantando una breve melodía, asistiendo
en silencio al espectáculo nocturno de las algas
y los periódicos, enlazados sobre la durmiente
arena, llorando quedamente, escuchando
el impresionante rumor de las olas, alas
levantadas míticamente hacia el cielo
en la penumbra del mediterráneo...
¿Cuándo estaremos tú y yo enlazados, cómo
idénticos a olas enganchadas oscuramente en
el suelo submarino? ¿Cuándo de nuevo
el amor, en playas vegetales con la cabellera
erguida hacia el cielo remoto y huidizo?
Pero estoy en silencio, y mis manos
se cubren de deseos. Hacen temblar
mi mente, cansada de recuerdos y espejismos.
©
en el mármol del frío viento,
rozan la marea las manos
que alcanzaron un paraíso,
tiemblan las miradas en un mar
despejado, con la suave cadencia
de miembros paralizados. Ir contigo
a través del paseo marítimo, de la mano,
cantando una breve melodía, asistiendo
en silencio al espectáculo nocturno de las algas
y los periódicos, enlazados sobre la durmiente
arena, llorando quedamente, escuchando
el impresionante rumor de las olas, alas
levantadas míticamente hacia el cielo
en la penumbra del mediterráneo...
¿Cuándo estaremos tú y yo enlazados, cómo
idénticos a olas enganchadas oscuramente en
el suelo submarino? ¿Cuándo de nuevo
el amor, en playas vegetales con la cabellera
erguida hacia el cielo remoto y huidizo?
Pero estoy en silencio, y mis manos
se cubren de deseos. Hacen temblar
mi mente, cansada de recuerdos y espejismos.
©