Daniela Albasini
Poeta asiduo al portal
¡Mírala tan quieta, tan callada!
Sumida en el sueño de los siglos.
El aire y la lluvia desgastan sus piedras,
en fino polvo se convierten sus losas,
los muros resisten con fuerza pétrea,
los mosaicos floridos fríos reposan.
Llegarán los hombres de siglos venideros
a descubrir los tesoros del pasado,
las formas de vida de un tiempo pretérito,
el esplendor y gloria de otros ciudadanos.
Parece que en la noche oscura de los tiempos
aún retazos de vida en ella permanezcan,
tal vez los espíritus alados de los muertos,
o tal vez los fragores de batallas bien libradas,
asuntos cotidianos quizás banales
pero necesarios para el discurrir del alba.
En la noche callada de la historia,
cuando ya el espacio antes habitado
sólo es un espacio ruinoso y solo,
la leve inmaterialidad de la existencia
como en suspensión cautelar en el aire queda.
Flotan los sucesos en una nebulosa,
susurran las voces que sonaron potentes
y el polvo de los siglos sigue cayendo
hasta que una nueva civilización te redescubra.
¡Itálica dorada, Itálica de bronce!
¡Itálica hispana, Itálica romana!
¡Duerme tu sueño de gloria merecido
que tras un fragor de los asuntos terrenos
has de descansar con el fin cumplido!.
Sumida en el sueño de los siglos.
El aire y la lluvia desgastan sus piedras,
en fino polvo se convierten sus losas,
los muros resisten con fuerza pétrea,
los mosaicos floridos fríos reposan.
Llegarán los hombres de siglos venideros
a descubrir los tesoros del pasado,
las formas de vida de un tiempo pretérito,
el esplendor y gloria de otros ciudadanos.
Parece que en la noche oscura de los tiempos
aún retazos de vida en ella permanezcan,
tal vez los espíritus alados de los muertos,
o tal vez los fragores de batallas bien libradas,
asuntos cotidianos quizás banales
pero necesarios para el discurrir del alba.
En la noche callada de la historia,
cuando ya el espacio antes habitado
sólo es un espacio ruinoso y solo,
la leve inmaterialidad de la existencia
como en suspensión cautelar en el aire queda.
Flotan los sucesos en una nebulosa,
susurran las voces que sonaron potentes
y el polvo de los siglos sigue cayendo
hasta que una nueva civilización te redescubra.
¡Itálica dorada, Itálica de bronce!
¡Itálica hispana, Itálica romana!
¡Duerme tu sueño de gloria merecido
que tras un fragor de los asuntos terrenos
has de descansar con el fin cumplido!.
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