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Jaime Torres Bodet

Tema en 'Biblioteca de Poetas consagrados en verso libre' comenzado por lluvia de enero, 9 de Mayo de 2015. Respuestas: 0 | Visitas: 902

  1. lluvia de enero

    lluvia de enero Simplemente mujer

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    Jaime Torres Bodet
    fue un escritor y diplomático mexicano, nacido en Distrito Federal el 17 de abril del año 1902 y fallecido en la misma ciudad el 13 de mayo de 1974. Como hombre de letras, recibió numerosas menciones, premios y medallas, y participó de la Academia de la Lengua de su país. Incursionó en varios géneros, entre los que se encuentran la novela, el relato y la poesía, y se dejó influenciar por diversas corrientes literarias provenientes de Europa, respondiendo a una necesidad de encontrar una sensibilidad y una estructura estilística que renovaran la escritura de su época. Otro punto de interés de Bodet fue la crítica, a través de la cual colaboró notablemente con el desarrollo de la literatura. También fue reconocida su intensa labor en el ámbito educativo, impulsando la alfabetización por medio de la fundación de escuelas y centros de capacitación, entre otros movimientos culturales para beneficio de su tierra.
    Algunos de los libros que publicó entre los años 1918 y 1961 son "El corazón delirante", "Estrella de día", el premiado "Rubén Darío" y "Memorias", que consta de cinco tomos.

    Reseña biográfica tomada de: http://www.poemas-del-alma.com/jaime-torres-bodet.htm…




    CIVILIZACIÓN


    Un hombre muere en mí siempre que un hombre
    muere en cualquier lugar, asesinado
    por el miedo y la prisa de otros hombres.

    Un hombre como yo; durante meses
    en las entrañas de una madre oculto;
    nacido, como yo,
    entre esperanzas y entre lágrimas,
    y -como yo- feliz de haber sufrido,
    triste de haber gozado,
    hecho de sangre y sal y tiempo y sueño.

    Un hombre que anheló ser más que un hombre
    y que, de pronto, un día comprendió
    el valor que tendría la existencia
    si todos cuantos viven
    fuesen, en realidad, hombres enhiestos,
    capaces de legar sin amargura
    lo que todos dejamosa los próximos hombres:
    El amor, las mujeres, los crepúsculos,
    la luna, el mar, el sol, las sementeras,
    el frío de la piña rebanada
    sobre el plato de laca de un otoño,
    el alba de unos ojos,
    el litoral de una sonrisa
    y, en todo lo que viene y lo que pasa,
    el ansia de encontrar
    la dimensión de una verdad completa.

    Un hombre muere en mí siempre que en Asia,
    o en la margen de un río
    de África o de América,
    o en el jardín de una ciudad de Europa,
    una bala de hombre mata a un hombre.

    Y su muerte deshace
    todo lo que pensé haber levantado
    en mí sobre sillares permanentes:
    La confianza en mis héroes,
    mi afición a callar bajo los pinos,
    el orgullo que tuve de ser hombre
    al oír -en Platón- morir a Sócrates,
    y hasta el sabor del agua, y hasta el claro
    júbilo de saber que dos y dos son cuatro...

    Porque de nuevo todo es puesto en duda,
    todo se interroga de nuevo
    y deja mil preguntas sin respuesta
    en la hora en que el hombre
    penetra -a mano armada-
    en la vida indefensa de otros hombres.
    Súbitamente arteras,
    las raíces del ser nos estrangulan.

    Y nada está seguro de sí mismo
    ni en la semilla en germen,ni en la aurora la alondra,
    ni en la roca el diamante,
    ni en la compacta oscuridad la estrella,
    ¡cuando hay hombres que amasan
    el pan de su victoria
    con el polvo sangriento de otros hombres!


    ...................​

    RUPTURA


    Nos hemos bruscamente desprendido
    y nos hemos quedado
    con las manos vacías, como si una guirnalda
    se nos hubiese ido de las manos;
    con los ojos al suelo,
    como viendo un cristal hecho pedazos:
    el cristal de la copa en que bebimos
    un vino tierno y pálido...

    Como si nos hubiéramos perdido,
    nuestros brazos
    se buscan en la sombra... ¡Sin embargo,
    ya no nos encontramos!

    En la alcoba profunda
    podríamos andar meses y años,
    en pos uno del otro,
    sin hallarnos...
     
    #1

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