Jardín de septiembre

Lex Cronos

Poeta recién llegado
Bien pudiera escribirte una historia de amor
o un cuento en el que solo estamos los dos,
podría abrirte mi corazón y dejar que urges,
que de entre líneas juzgues que es lo que amo.

Pero déjame contarte una historia verte sonrojada.
Pueda que un pez no vuele, y tan solo nade a contracorriente
puede que sin luz no vea tan solo sueñe,
pueda que sin amor no cante tampoco escriba, tan solo soy un afluente.


Había una vez un jardinero que intentaba cultivar rosas
blancas, verdes, rojas, amarillas, todas ellas para una señorita,
quería enamorarla y decirle lo que sentía,
Pero darle un ramo de flores no bastaría
ya que ella es como una gema rara
tan bella como el zafiro y la obsidiana,
deslumbrante como un diamante y de peculiar esencia como la amatista.
Al cabo de unos meses brotaron las más bellas florecillas,
una de ellas tan tierna y tan bonita deslumbro a la señorita,
el jardinero, le dio el jardín repleto de flores y alegoría
le dijo: te amo, eres lo mejor que me ha pasado en la vida,
no sé qué dirás pero mi corazón late cuando tú lo habitas.
Se casó el jardinero con la linda señorita y al pasar el tiempo
lunas y soles que les vieron dormir y despertar bajo la misma ventana
de un cálido amor, un cariño cocinándose lento
un día ella partió y dejó le al jardinero con el corazón abierto,
en su mítico jardín la recordaba y justo en medio brotaba una rosa
azul turquesa de pétalos flameos, su aroma inigualable y textura hermosa.
La cuido con tal ternura que vivía para ella,
y en su jardín no se repitió flor tan bella
paso el tiempo y la flor vivía radiante como el primer día,
un joven apareció y vio esa seductora flor desde la orilla
el jardinero viejo ya, vio que la flor se alegraba al verlo y sonreía.

El muchacho se enamoró perdidamente de la rosa
y le miraba todos los días, latía su corazón al verla
y si el cielo lloraba él la protegía, con sus brazos la envolvía
y le susurraba quisiera que fueras vida
para que fueras novia mia…

Eres una rosa novia mía de inigualable color
te besaría cada día, tus labios pétalos
tus caricias gotitas de roció de aliento y vida
claridad para calmar mis ansiedades
cura para el dolor que infringe un mundo ingrato,
quiero decirte que ni la poesía bastaría para decir
te amo eres lo que no he podido expresar en esta poesía.
 
Bien pudiera escribirte una historia de amor
o un cuento en el que solo estamos los dos,
podría abrirte mi corazón y dejar que urges,
que de entre líneas juzgues que es lo que amo.

Pero déjame contarte una historia verte sonrojada.
Pueda que un pez no vuele, y tan solo nade a contracorriente
puede que sin luz no vea tan solo sueñe,
pueda que sin amor no cante tampoco escriba, tan solo soy un afluente.


Había una vez un jardinero que intentaba cultivar rosas
blancas, verdes, rojas, amarillas, todas ellas para una señorita,
quería enamorarla y decirle lo que sentía,
Pero darle un ramo de flores no bastaría
ya que ella es como una gema rara
tan bella como el zafiro y la obsidiana,
deslumbrante como un diamante y de peculiar esencia como la amatista.
Al cabo de unos meses brotaron las más bellas florecillas,
una de ellas tan tierna y tan bonita deslumbro a la señorita,
el jardinero, le dio el jardín repleto de flores y alegoría
le dijo: te amo, eres lo mejor que me ha pasado en la vida,
no sé qué dirás pero mi corazón late cuando tú lo habitas.
Se casó el jardinero con la linda señorita y al pasar el tiempo
lunas y soles que les vieron dormir y despertar bajo la misma ventana
de un cálido amor, un cariño cocinándose lento
un día ella partió y dejó le al jardinero con el corazón abierto,
en su mítico jardín la recordaba y justo en medio brotaba una rosa
azul turquesa de pétalos flameos, su aroma inigualable y textura hermosa.
La cuido con tal ternura que vivía para ella,
y en su jardín no se repitió flor tan bella
paso el tiempo y la flor vivía radiante como el primer día,
un joven apareció y vio esa seductora flor desde la orilla
el jardinero viejo ya, vio que la flor se alegraba al verlo y sonreía.

El muchacho se enamoró perdidamente de la rosa
y le miraba todos los días, latía su corazón al verla
y si el cielo lloraba él la protegía, con sus brazos la envolvía
y le susurraba quisiera que fueras vida
para que fueras novia mia…

Eres una rosa novia mía de inigualable color
te besaría cada día, tus labios pétalos
tus caricias gotitas de roció de aliento y vida
claridad para calmar mis ansiedades
cura para el dolor que infringe un mundo ingrato,
quiero decirte que ni la poesía bastaría para decir
te amo eres lo que no he podido expresar en esta poesía.
Plenitud de sentimientos en ese magma brilante donde el
deseo va dejando lavas de aristas prendadas en la entrega.
una belleza el limite de las formas aplicadas. excelente.
saludos amables de luzyabsenta
 

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