“No sé si volverás pero te estaré esperando”, pensaba Javier. Se encontraba frente al mar sentado en una banqueta. La extrañaba. Miraba como las olas del mar venían y se iban, tanto como las horas, los días y los meses desde ese lejano mes de junio. Tenía claro porque se fue y ese fue su grandísimo dolor. A pesar de que trato de ocultarlo, sus instintos lo delataron. Fueron una hermosa pareja que se amaban tanto. La relación andaba sin sobresalto más por él que supo manejar o controlar, esa otra atracción que parecía ganarlo, pero al fin triunfaba. Y esa victoria lo compartía con ella, aunque ésta no supiera exactamente cual fuera el enemigo. Hasta que una tarde, el héroe de Javier sucumbió y no pudo más. Ella le vio besarse con un chico en una cafetería. Javier era bisexual y eso no lo perdonó. Y lo abandonó.